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¿Creamos riqueza castigando el ahorro?

Felipe Posada G. Ingeniero comercial, Magíster en Finanzas Aplicadas

Por: Felipe Posada G. | Publicado: Jueves 13 de febrero de 2020 a las 04:00 hrs.
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Felipe Posada G.

Argumentando que el bajo crecimiento y la exigua inflación se deben al exceso de ahorro, el Banco Central Europeo (BCE) ha insistido en mantener tasas en 0% desde 2016. Sin embargo, ante resultados contradictorios, son ahora las tasas negativas las que intentan producir por la fuerza un cambio cultural para que países y familias, que son por naturaleza ahorradores, adopten un nuevo perfil de consumo. ¿Podrá el BCE estimular la economía castigando el ahorro? Probablemente no.

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Sus defensores señalan que esta arriesgada estrategia pronto traerá beneficios, pero luego de cuatro años, la deuda a costo 0% (o menos) no compensa el riesgo asociado, las economías no crecen, el consumo no impulsa la inflación y el descontento en el sur de Europa es generalizado, porque el desempleo promedia 9% en Francia e Italia, y supera el 14% en España. Por su parte los detractores de las tasas negativas sostienen que se han convertido en una enorme transferencia de riqueza desde ahorradores y salarios reales hacia gobiernos y deudores, y han destruido la percepción del riesgo para convertirse en el rescate de los ineficientes y en un impuesto a la precaución.

Como vemos, esta política monetaria no deja conformes a deudores ni acreedores, y más bien se transforma en una olla a presión pronta a estallar. ¿Podrá Europa evitar su explosión? Probablemente no, pues mientras el gasto y la deuda no sean suficientes según lo que aspiran los planificadores centrales, el castigo al ahorro provocará más desconfianza, incertidumbre y destrucción de riqueza. Así, la búsqueda desesperada de ingresos fiscales para mantener el Estado de Bienestar seguramente será un incentivo perverso para penalizar la productividad con impuestos que han sido crecientes.

Lo anterior está trabando críticamente el proyecto europeo. No será fácil enmendar el rumbo, debido a que el problema no es la liquidez del sistema financiero, sino una insoportable desconfianza enquistada en lo más profundo del euro, porque la política monetaria ha pasado de ser un apoyo a reformas estructurales absolutamente necesarias, a ser una excusa perfecta para evitarlas.

Lo positivo es que ya hay quienes intentan revertir esta situación. Suecia abandonó su plan de tasas negativas estrenado hace cinco años, curiosamente por el riesgo de una desaceleración económica prolongada. A estas alturas la evidencia refleja que decisiones de inversión y consumo no aumentan con represión financiera, es más, disparan peligrosamente el precio de los activos, principalmente inmobiliarios.

2020 inicia con enormes desafíos para los inversionistas que observamos Europa y el espejismo que ha creado el BCE pronto debe ajustarse a la realidad. Sin duda será un proceso doloroso, porque más temprano que tarde Christine Lagarde deberá elegir entre normalizar la política monetaria y replicar el camino de países nórdicos, o conservar el statu quo para mantener un “subsidio” al sur de Europa.

Por el momento, una buena opción es aprovechar el driver económico que genera el flujo de dinero desde Europa hacia Estados Unidos (que presiona a la baja las tasas de los bonos largos) para mantener o aumentar la exposición hacia sectores del SP500 como el Real Estate, el Consumo Discrecional y a compañías que apoyan estos sectores como Procesadores de Pago, Bancos Comerciales y algunas Cadenas Minoristas.

En Europa, una vez ejecutado el Brexit, una estrategia acertada sería mantener posiciones bajistas en el euro, contra el dólar, franco suizo y la libra, y enfocarse hacia bonos de Inglaterra y sectores expuestos al consumo minorista del FTSE100.

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