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Crisis hídrica: la urgencia de buscar alternativas

Catalina Binder Abogada, Consejera del Consejo de Políticas de Infraestructura

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Chile está a punto de ser parte de los países con mayor nivel de escasez hídrica en el mundo, fenómeno generado tanto por los efectos del cambio climático como por el aumento de la demanda de este recurso, debido al crecimiento de la población global y el desarrollo económico-social. Conforme a esta realidad, es literalmente vital desarrollar con toda celeridad diversas opciones de recolección de agua de fuentes no convencionales. Entre ellas está la reutilización de aguas residuales tratadas o aguas grises, que ha demostrado ser una fuente de abastecimiento segura y permanente.

Así lo muestra la experiencia internacional. Los países que presentan un mayor volumen de agua residual reutilizada son Estados Unidos y Arabia Saudita. Si se considera el volumen per cápita, los que lideran son Qatar e Israel, y España en la Unión Europea. Asimismo, cabe destacar los casos de Israel, donde el 90% del riego de todo tipo de cultivos se hace con aguas servidas tratadas, y Singapur, que incluso utiliza el agua residual tratada para consumo humano.

Estos países invirtieron en nuevas tecnologías, plantas de tratamiento y, además, lograron cambiar la idea que la gente tiene acerca del agua, creando conciencia sobre su valor y formas eficientes de utilización.

En Chile, a pesar de que existen zonas con serios problemas de abastecimiento hídrico, el concepto de reutilización de aguas residuales es relativamente nuevo. En nuestro país, el año 2018 entró en vigencia la Ley 21.075 que regula esta materia, no obstante, hasta el día de hoy no es posible su aplicación debido a que aun su reglamento no ha sido aprobado. Sin perjuicio de su calidad técnica, este texto reglamentario propuesto por el Ministerio de Salud ha sido cuestionado, principalmente, por carecer de un enfoque sociocultural, es decir, por no considerar más aspectos que el meramente sanitario, y no dar respuesta a las diversas realidades sociales y características hídricas de cada zona de nuestro país.

Por otra parte, la Ley 21.075 restringe la utilización de las aguas grises a fines industriales no alimenticios y también a refrigeración, usos urbanos de riego de jardines, de áreas verdes y campos deportivos, y ciertos usos ambientales, como riego de especies reforestadas y la mantención de humedales. En definitiva, la norma establece estándares que hacen imposible reutilizar aguas grises a nivel doméstico en zonas rurales vulnerables o para el riego de hortalizas. Menos aún para la producción de agua potable, lo cual prohíbe expresamente.

A pocos meses de una elección presidencial, y en vista de la gran escasez de agua que enfrenta gran parte del país, quien resulte electo deberá priorizar el agua como eje estratégico, esforzándose por aplicar políticas hídricas a nivel de cuencas y a nivel nacional, de alta eficiencia técnica y cobertura social, que permitan asegurar la sustentabilidad del recurso hídrico en Chile.

En este contexto, una pronta y moderna regulación de la reutilización de aguas residuales parece una evidente prioridad política y social para nuestro país.

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