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Cuidado con el ahorro interno

Hernán Cheyre V. Centro de Investigación Empresa y Sociedad UDD

Por: Hernán Cheyre V. | Publicado: Viernes 13 de septiembre de 2019 a las 04:00 hrs.
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Hernán Cheyre V.

En la discusión económica ya ha logrado instalarse la necesidad de subir el potencial de crecimiento, y en esa línea hay consenso en el requisito de mejorar la productividad.

Cierto. Pero esto no debe entenderse como una bala de plata que se produce en un vacío. De hecho, productividad e inversión se complementan como factor de impulso del crecimiento potencial. Desde esta perspectiva, es entendible la preocupación que hay por la falta de un mayor dinamismo en la acumulación de capital.

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El esfuerzo de inversión total en Chile, medido a precios corrientes, equivale actualmente a un 23% del PIB. Esta tasa no es muy distinta de la que había en 2010, pero está lejos del 26,4% que se registró en 2012, y recién nos estamos recuperando del 21,5% al que bajamos en 2017. Para lograr cambiar la tendencia de la inversión, será fundamental aliviar la carga asociada a burocracia y permisos para emprender nuevos proyectos, y la generación de un entorno regulatorio más amigable con el emprendimiento y la innovación, así como una modernización tributaria que simplifique el engorroso sistema actual.

Sin embargo, se echa de menos en el debate una mirada más crítica de lo que está ocurriendo en Chile con el principal sustento de mayores tasas de inversión en el largo plazo, que es el ahorro interno: mientras en 2010 éste alcanzó un 24,5% del PIB, al 2018 había bajado a 19,8%. ¿Y cómo se financió la diferencia con la inversión total? Con ahorro externo. Luego de que en 2010 la brecha fuera negativa en 1,4% del PIB, en 2018 se elevó a +3,2% del PIB, es decir, durante esta década el uso de ahorro externo ha aumentado en 4,6 puntos porcentuales del producto.

Para un país como Chile el ahorro externo es fundamental, pero hay que entender que esta fuente de recursos no es ilimitada. Aunque continuamos enfrentando condiciones muy favorables para acceder a financiamiento externo, si la percepción de riesgo se torna menos favorable –muy común en períodos turbulentos-, el acceso a esa fuente de ahorro podría verse restringido. Puesto en términos simples, la tasa de inversión de largo plazo va a poder subir sólo si aumentamos el ahorro interno.

¿Y de dónde proviene este ahorro? Básicamente de las empresas, los hogares y el gobierno, siendo las primeras las que tienen mayor incidencia en el total (casi un 50%), a través de la reinversión de utilidades. Comparando la situación actual con 2010, las cifras del Banco Central muestran que el ahorro de las empresas bajó desde el 14,3% a un 9,3% del PIB en 2018. Esta tendencia es necesario revertirla, y es aquí donde la política tributaria puede jugar un rol fundamental, considerando que la tasa de impuesto corporativo afecta el volumen de recursos disponibles para la reinversión.

En el marco de la discusión de la reforma tributaria que se va a retomar en el Senado después de Fiestas Patrias, sería conveniente volver a sobre la tasa de impuesto corporativo, incorporando más decididamente en el análisis el tema del ahorro. No hay que olvidar que entre 2010 y 2018 la tasa de impuesto a las empresas subió desde 17% a 27%, en un contexto en que la mayoría de los países de la OCDE la han disminuido, perdiendo así el país competitividad por este concepto.

¿Por qué no explorar una solución que incluya una disminución en la tasa de impuesto corporativo? La reintegración es importante, especialmente para lograr una mayor equidad en la tributación por los ingresos efectivamente recibidos, pero para inducir una mayor reinversión de utilidades -factor clave para apuntalar el ahorro interno-, una menor tasa de impuesto corporativo puede tener un impacto mucho más directo.

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