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Dalibor Eterovic

Más incentivos a la innovación

Economista jefe Grupo Security

Por: Dalibor Eterovic | Publicado: Viernes 22 de abril de 2016 a las 04:00 hrs.
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En las últimas semanas, las autoridades económicas y las asociaciones empresariales han comenzado a poner el foco de la discusión político económica en mejorar la productividad y con esto, el crecimiento de mediano plazo de la economía chilena. A las 21 recomendaciones de la Comisión Nacional de Productividad (CNP) se sumaron 109 propuestas presentadas por la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC). Esto en sí mismo es una buena noticia, pero el camino para mejorar la productividad es largo y no exento de dificultades.

La literatura académica basada en estudios micro, sectoriales y macro identifican diversos determinantes importantes de la productividad total de factores (para un buen resumen ver Isaksson, 2007, Naciones Unidas). Entre los más importantes se encuentran: educación, salud, infraestructura, calidad de las instituciones, apertura comercial, la existencia de mercados competitivos y desarrollo del sistema financiero. Pero quizás los más claves para aumentar la productividad y el crecimiento de mediano plazo de la economía son la innovación y la capacidad de absorción de nuevas tecnologías.

Cuatro son los principales canales en que estos dos focos afectan el crecimiento potencial. Primero, la introducción de nuevas tecnologías aumenta el retorno de la inversión, lo que incentiva a las empresas a invertir más (mayor acumulación de capital). Segundo, la innovación ha sido una de las principales fuerzas globales detrás de la expansión de la fuerza de trabajo, ya sea a través de mejoras en la salud, o en la esperanza de vida como acceso al trabajo a distancia. Tercero, la innovación aumenta la productividad de las empresas al mejorar procesos, organizaciones y productos finales. Por último, la introducción de tecnologías innovadoras afecta la estructura de la industria en que ocurren, generando la desaparición de algunas empresas y la aparición de nuevas. Es a través de este proceso, que el famoso economista Joseph Schumpeter llamó en los 40s destrucción creativa, que el resultado final de un ambiente innovador es mayor productividad.

El gran problema es que innovar es difícil y económicamente riesgoso para el que se embarca en ello. Un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional (Monitor Fiscal, abril 2016), encuentra que a nivel global la inversión en investigación y desarrollo (I&D) es subóptima. La razón principal es que la I&D tendría importantes externalidades positivas que no son capturadas directamente por quien incurre en el costo de innovar. En base a esto, el FMI recomienda otorgar beneficios tributarios para la investigación y desarrollo del sector privado.

Con una inversión en I&D de sólo 0,4% del PIB, Chile está partiendo desde bastante atrás. Los países desarrollados invierten más del 2% del PIB y el promedio de países en desarrollo alcanza 0,65%. Mayores y mejores beneficios tributarios podrían ser una herramienta, que de ser bien diseñada, disminuya el costo privado de I&D, incentive la innovación, y a través de esta, mejoremos la productividad agregada de la economía.

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