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DF Conexión a China | Qué aprender del mandarinato y su desarrollo económico

Andreas Pierotic Ex Agregado Comercial de Chile en Beijing

Por: Andreas Pierotic | Publicado: Martes 27 de octubre de 2020 a las 04:00 hrs.
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Andreas Pierotic

La semana pasada China anunció que su economía creció un 4,9% el tercer trimestre, continuando la tendencia del segundo trimestre (3,2%) y dejando atrás la contracción de 6,8% del primero del año. Como resultado, el FMI espera que el país crezca 1,9% en 2020, y UBS calcula que crecerá un 8% el primer trimestre de 2021. Mientras tanto, el FMI estima que Estados Unidos este año se contraerá 4,3%, la Eurozona 8,3% y América Latina 8,1%.

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¿Cuál es la explicación fundamental de las cifras chinas? Una clase política organizada a través de una burocracia profesional: el mandarinato, cuyo objetivo principal es el desarrollo económico. El Partido Comunista no es más que ese antiguo sistema burocrático fundado en exámenes de ingreso al servicio civil -estandarizados en la dinastía Tang- que constituyen la élite política.

Si hoy en Beijing hacemos nuestra vida normal, sin máscaras, y la economía crece, es porque este mandarinato eficiente decidió usar la tecnología existente, mientras Occidente decide ignorarla (sin siquiera abrirse a discutir formas de proteger los datos), y hunde sus economías. La meritocracia que da forma a la administración pública china es implacable. Impide que los hijos incluso de los más encumbrados políticos sean funcionarios si no tienen el talento suficiente. La eficacia del Estado es algo demasiado serio de lo que depende la subsistencia misma del régimen. Ni siquiera una pandemia exculparía a los políticos chinos si exhibieran cifras como las que hoy muestra Occidente. Desde el municipio a las gobernaciones provinciales, los funcionarios van haciendo su carrera administrativa y política evaluados principalmente por su capacidad objetiva de mejorar las condiciones de existencia de la ciudadanía que gobiernan. Y los resultados no tienen parangón. Según el estudio realizado desde 2003 por la Harvard Kennedy School, y publicado este año, 93,1% de los chinos están satisfechos con su gobierno.

Los chilenos que vivimos acá, sin importar nuestra inclinación política, no podemos si no reconocer con cierta envidia que a diario confirmamos ese optimismo, y somos testigos de lo que la meritocracia política ha hecho posible. ¿Qué lección hay para Chile?

No cometer el error de desestimar la importancia para la competitividad económica de Chile, de la meritocracia en el Estado. Por cierto, incorporándola bajo nuestra tradición democrática. ¿No es la academia judicial un ejemplo? ¿O la Escuela Nacional de Administración francesa por la que pasa todo político y funcionario de prestigio? Las generaciones futuras deben competir en la economía global, ineludiblemente incluso con los asiáticos, por lo que se torna urgente no seguir pagando el alto precio de políticas públicas de alcaldes, congresistas y funcionarios que, basados en la popularidad y el amiguismo, legarán una economía que se arrodillará ante el mandarinato.

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