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DF Tax | Equidad vs eficiencia: ¿Cómo equilibrar el cumplimiento de los objetivos impositivos?

José Yáñez, Académico Departamento de Control de Gestión y Sistemas de Información Director académico Centro de Estudios Tributarios Facultad de Economía y Negocios Universidad de Chile

Por: José Yáñez | Publicado: Jueves 13 de febrero de 2020 a las 04:00 hrs.
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Cuando se crea, reforma o modifica un sistema tributario, se busca alcanzar varios objetivos simultáneamente, lo cual constituye una tarea difícil de llevar a la práctica. Dos de los más citados son la equidad y la eficiencia, pero también hay otros como la simplicidad; no atentar contra el crecimiento económico; producir la recaudación tributaria que necesita la autoridad para financiar el presupuesto; y regular el consumo de bienes dañinos para la población, entre otros.

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La mayoría de ellos son valorados por la población y sería muy positivo poder cumplir con ellos al mismo tiempo. Sin embargo, la mala noticia es que si la autoridad establece que el sistema impositivo debe satisfacer varios objetivos, esto no ocurrirá, porque terminarán entrando en conflicto.

En el caso de la equidad en los impuestos, se busca conseguir que cada contribuyente pague lo que le corresponda, entendiendo que la capacidad de pago se mide, al menos, por tres variables económicas distintas: el ingreso, el gasto en consumo y la riqueza. En este sentido, el concepto de equidad horizontal dice que los contribuyentes con la misma capacidad de pago de impuestos, contribuyan con lo mismo; y el de equidad vertical señala que los contribuyentes que tienen una mayor capacidad de pago de impuestos, deben hacerlo en mayor proporción.

Al analizar el impuesto a la renta, este podría cumplir con la equidad horizontal y equidad vertical, si contara con una estructura de tasas impositivas progresiva (que la tiene) y su base ingreso no tuviese erosiones. Sin embargo, no cumple con el segundo requisito, ya que en la práctica es el gravamen que más tiene erosiones. En cambio, un impuesto al valor agregado, sin erosiones en su base (que actualmente sí las tiene), cumpliría con la equidad horizontal, pero no con la equidad vertical.

Si revisamos el impuesto a la renta, uno de los grandes problemas que tiene en la mayoría de los países del mundo es que grava el ahorro, lo que genera un desincentivo al ahorro y la inversión, desalentando el crecimiento económico, que es otro de los objetivos que se pretenden cumplir. Este inconveniente se ha tratado de resolver, introduciendo estímulos a la inversión, erosionando la base del impuesto. Este accionar es contradictorio, porque, por un lado, se busca mejorar la equidad, pero se termina sacrificándola por cumplir con la eficiencia económica, al incentivar el crecimiento. Sumado a ello, la creación de erosiones en la base del impuesto a la renta introduce complejidad en la determinación del impuesto, atentando contra la simplicidad que debiera tener un buen sistema tributario.

Para que se cumpla el objetivo de la eficiencia, se requiere que ningún gravamen distorsione las decisiones de consumo, laborales, de ahorro, inversión, toma de riesgo, entre otros, que toman los agentes económicos. Y, en la realidad, eso no existe, ya que todos los gravámenes que se aplican distorsionan, en mayor o menor medida, alguna de las decisiones mencionadas. El único impuesto que no afecta ninguna decisión es el de suma fija, bajo el cual todos pagan lo mismo, sin tomar en consideración las características socioeconómicas de los contribuyentes. En la práctica, no puede aplicarse por ser uno de los gravámenes más inequitativos.

Por otro lado, al examinar el impuesto al valor agregado, se plantea que es eficiente, lo cual sería real si no tuviese erosiones en la base, pero en la práctica las tiene. Aun asumiendo que no las tuviera, se le critica que sea un impuesto regresivo, con respecto al ingreso. En simple, esto quiere decir que las personas de más bajo nivel de ingreso pagan una proporción más alta por concepto de impuesto y viceversa. Esto se relaciona con que las personas de un mayor nivel de ingreso gastan una proporción menor en consumo, versus las personas que pertenecen a un menor nivel socioeconómico.

Resulta entonces un puzle de muy difícil solución pedir al sistema tributario el cumplimiento de muchos objetivos simultáneamente. En política económica, hay un planteamiento muy sabio que dice que para evitar estos conflictos se debe utilizar un instrumento diferente para alcanzar cada uno.

En este caso, ¿cuáles deberían ser los objetivos que deberían regir en nuestro sistema tributario? Si dividimos los impuestos en dos categorías, recaudadores y reguladores, estos deberían generar la recaudación de ingresos que necesita el gobierno para financiar el presupuesto público, a través de los impuestos recaudadores, como el de la renta e IVA; y desalentar el consumo de los bienes dañinos para el bienestar de las personas, por medio de los impuestos reguladores, tales como el impuesto al tabaco, al cigarro y cigarrillos, a los combustibles, al alcohol, a las bebidas analcohólicas y a la comida chatarra, entre otros. Estos gravámenes también producen recaudación para el gobierno. Por lo tanto, pueden llegar a satisfacer un doble propósito.

Es importante que los involucrados en modificar o reformar el sistema tributario consideren que en la medida que no haya erosiones en la base de los impuestos, estos serán más simples de cumplir. El logro de otros objetivos requiere de usar otros instrumentos económicos para su consecución.

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