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DF Tax | Impuestos: el garrote sin zanahoria

Claudio Bustos, socio de Bustos Tax & Legal

Por: Claudio Bustos | Publicado: Jueves 4 de junio de 2020 a las 04:00 hrs.
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Claudio Bustos

Las reformas tributarias de los últimos años han estado claramente dirigidas a aumentar la recaudación fiscal. La reforma del 2014 dio origen al sistema parcialmente integrado, aumentó la tasa de Primera Categoría a un 27% y eliminó sendas franquicias tributarias, tales como los retiros para invertir y los retiros en exceso, entre otras.

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La denominada "Modernización Tributaria", la cual se convirtió en ley en febrero de este año, si bien comenzó con un ímpetu de favorecer la actividad económica, terminó sumando más impuestos. Nos hemos acostumbrado a las alzas de impuesto, y nos hemos ya casi olvidado de los incentivos o estímulos a la actividad económica en materia impositiva.

El legislador parece no recordar que los impuestos constituyen un instrumento de política fiscal que no sólo sirve para engrosar las arcas fiscales, sino también para incentivar o desincentivar determinadas actividades, y moldear el comportamiento de la economía.

El garrote sin zanahoria no funciona, y en los últimos años sólo hemos sabido de garrote, pero la zanahoria brilla por su ausencia. Como consecuencia, nuestra economía está deprimida desde antes del estallido social y de la posterior pandemia, y los proyectos de inversión se han paralizado.

Ante lo anterior, resulta casi surrealista escuchar pretensiones de ciertos sectores políticos que claman todavía por una mayor alza de impuestos, lo cual no se sostiene si no logramos reactivar la economía, especialmente bajo la crisis global que se vive en la actualidad. Tampoco parece realista pensar que sólo a través de un alza de impuestos podrán financiarse los subsidios que el Gobierno ha prometido.

Lamentablemente, Chile ha ingresado en la procesión de países que requerirán endeudarse para satisfacer sus demandas internas, y frente a ello, urge más que nunca introducir un mayor dinamismo a la economía. Chile ya lo hizo una vez, en los 80', e indudablemente puede volver a hacerlo, pero para ello se requiere convicción y voluntad política, y privilegiar la opinión de los expertos por sobre la de los políticos.

Para lograr ese objetivo, la dirección debe ser exactamente la contraria a la que se ha seguido en las dos últimas reformas tributarias, pues debemos reducir la carga impositiva.

Algunas ideas en este sentido son: (i) Reducir la tasa del impuesto de Primera Categoría a un 20% o, alternativamente, establecer un impuesto de escala progresiva y por tramo, con tasa máxima de 20%; (ii) Dejar transitoriamente, por los próximos tres años, exenta de IVA la importación de bienes de capital, o permitir la recuperación de dicho impuesto bajo el mecanismo de devolución IVA exportador; (iii) Permitir a las empresas del sector turismo y gastronómico, durante los próximos tres años, la recuperación anticipada de IVA crédito fiscal acumulado por más de 3 meses, independientemente de cuál sea su origen; (iv) Permitir una repatriación de capitales no tributados que se mantienen en el exterior, a una tasa de impuesto del 10%, pero condicionado a que un 50% de dicho patrimonio se invierta en actividades económicas operativas en Chile, que generen empleo.

Es el momento de apostar por nuestra economía, es la oportunidad de escuchar a los expertos y que los políticos callen, es la ocasión de sacar la zanahoria y esconder el garrote.

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