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DF Tax | La Lavandería y el gasto público

Ignacio Gepp, director de Tax Advisory de Puente Sur

Por: Ignacio Gepp | Publicado: Jueves 9 de enero de 2020 a las 04:00 hrs.
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Ignacio Gepp

Hace poco tuve la oportunidad de ver The Laundromat, una película de Steven Soderbergh protagonizada por Meryl Streep, Gary Oldman y Antonio Banderas.

La película es una didáctica explicación del caso Panama Papers que tuvo a la firma Mossack Fonseca en el horno, al descubrirse que sus servicios permitían la creación de vehículos para lavar dinero, ocultar los frutos de la corrupción o derechamente evadir impuestos.

A las usuales causas para acudir a jurisdicciones opacas, el caso de América Latina presenta un condimento interesante: la gente esconde su dinero porque no quiere que esté al alcance de un corrupto, de un revolucionario perpetuo y/o de una dictadura. Nada nuevo bajo el sol en este lado del planeta que no confía en los políticos ni en su principal empleador, el Estado.

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¿Y en Chile confiamos? Según Cadem, el Congreso Nacional cuenta con un 11% de aprobación.

Siendo justos, la motivación de algunos chilenos para ocupar fundaciones en Panamá o Liechtenstein quizás sea distinta a esconderse de la corrupción: puede que exista un genuino interés en realizar filantropía offshore; o, quizás no ven un beneficio en pagar el impuesto a la herencia, ya que tanto los ricos como la clase media sienten que el Estado no les da nada.

Si a eso sumamos municipalidades con funcionarios que rotan con el alcalde de turno, parlamentarios que dan más empleo que una PYME exitosa, ministerios que desbordan de operadores políticos, o embajadas que sirven como refugio para candidatos frustrados, la realidad es que no solamente los contribuyentes en Chile sienten que reciben poco, sino que más encima ven como los tributos no son utilizados de forma eficiente.

Para un Chile más exigente con su elite, este saqueo al erario público es una bomba de tiempo: los impuestos van a aumentar y con ello el rechazo a los mismos si no le ponemos atajo al despilfarro.

El problema no son los impuestos, sino el gastar mal lo que a la gente le cuesta ganar. Al final, es un robo a quienes más necesitan del Estado y contra éste hay actuar con urgencia y severidad.

¿A quién afectará esta alza de impuestos? A todos.

El discurso hoy es tender hacia un Estado más solidario, un modelo de libre mercado en vez de libre empresa como diría Guillermo Tagle o un Estado de Bienestar como dijo Germán Codina.

En cualquier caso, el modelo enchulado o uno nuevo de paquete necesitará más fondos. Como ya han notado personas en lados opuestos del ring como José Ramón Valente o Ricardo Guerrero, en los sistemas más solidarios todos los contribuyentes pagan, y mucho más que en Chile.

Mientras, el exministro del Presidente Piñera señalaba en El Mercurio que en Noruega, Dinamarca y Holanda se pagaban impuestos cercanos al 42% por aquellas personas que ganan el equivalente a $950.000 pesos brutos, el ex jefe de Política Tributaria de la Presidenta Bachelet sostiene en CIPER que en Australia la tasa marginal de impuestos personales parte en 19% mientras que en Irlanda lo hace en 20%.

¿Se imaginan a los chilenos que pagan hoy un 4% u 8% pasando a pagar 20%, y tolerando un despilfarro?

Este tema no es menor, considerando que si miramos el ranking de países por eficiencia del gasto público del Foro Económico Mundial, en el periodo 2017 a 2018 Holanda ocupó el lugar 13, Noruega el 18, Dinamarca el 33, Australia el 47, Irlanda el 49 y Chile... el 80.

Cuando los impuestos se ven como injustos o mal utilizados, los ricos puede que escapen a países con mejor clima, pero la clase media que no puede escapar sólo tiene una posibilidad: estallar.

Tener un gasto público eficiente y eliminar la corrupción no es un gustito, es supervivencia.

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