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DF Tax | Los impuestos como letra chica y solo para los más más más ricos

Jorge Valverde, economista y ex coordinador de Hacienda

Por: Jorge Valverde | Publicado: Jueves 3 de diciembre de 2020 a las 04:00 hrs.
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Jorge Valverde

La política chilena se ha convertido en una competencia por quién dice la afirmación más estridente y quién ofrece más, no importando si lo que se dice es mentira o tiene algún sentido lógico, mientras venda bienvenido. En esta línea, un número importante de parlamentarios se ha referido al cobro de impuestos como "la letra chica", con el fin de cargar con una connotación negativa el hecho de cobrar impuestos a rentas que nunca ingresaron al Global Complementario (impuesto que solo paga el 20% más rico de la sociedad).

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A la vez, estos mismos parlamentarios demandan un mayor gasto público, no solo transitorio producto de la pandemia, sino de manera permanente para financiar mayores prestaciones públicas. Claramente la ecuación no cierra, cargar negativamente los tributos es pan hoy y hambre para mañana si queremos avanzar hacia un Estado que otorgue una red de protección robusta.

En esta misma discusión, algunos de estos parlamentarios han defendido que salarios de $2.500.000 mensuales no son lo suficientemente altos para que deban pagar impuestos, pese a que las personas que perciben un salario de este nivel pertenecen al 5% de mayores ingresos del país y este representa más de 6 veces la mediana del ingreso laboral nacional ($400.000), dejando entrever que los impuestos directos solo debiesen ser pagados por los "más más más ricos".

Este comportamiento de algunos parlamentarios es preocupante porque: i) atenta contra el contrato social de vivir en sociedad, donde los impuestos son la contribución que cada ciudadano diferenciadamente hace para sustentar el Estado y sus prestaciones, y ii) alimenta el realismo mágico de creer que el Estado tiene la capacidad de generar recursos ilimitadamente y/o que el mayor gasto nunca lo pagarán las personas y serán otros los que pagarán, ilustrado generalmente en este 1% súper rico.

Algunos contestarán que el contrato social se rompió cuando las rentas del capital evadieron impuestos y no contribuyeron lo que debían, o bien, que la clase trabajadora ya aporta lo suficiente a través del pago del IVA. Al respecto, ambos argumentos tienen asidero, sin embargo, el contrato social no se reconstruirá a partir de un modelo donde cada individuo espera que sea el otro el que aporte, ni tampoco destruyendo uno de los pocos instrumentos que promueven la redistribución de ingresos en el país, como es el impuesto Global Complementario. Así, un nuevo contrato social requiere un sistema impositivo progresivo, donde quienes tienen más aporten más y quienes tienen menos lo hagan en menor medida, pero donde todos sustentemos el Estado y las prestaciones que este provee.

El contexto social del país, el nivel de desarrollo actual y las brechas aun existentes en prestaciones básicas hacen prever que el gasto público seguirá aumentando las próximas décadas. Pensar que el mayor gasto, que fácilmente podría representar en el mediano plazo 8 puntos porcentuales extras como porcentaje del PIB, provendrá exclusivamente del 1% más rico, del cierre de exenciones tributarias o del aumento del royalty minero es iluso, y nuevamente cae en el realismo mágico de creer que el Estado puede gastar más sin que debamos contribuir todos en mayor medida.

Esto último es la noticia que nadie quiere dar, pero que es una realidad. Plantear que el Estado para entregar más deberá cobrar más, ya sea por impuestos directos o indirectos, no suma votos, ni tampoco hace a nadie popular, pero es una verdad de la cual no se puede escapar y si queremos recomponer el contrato social hay que partir por hablarles a las personas con la verdad.

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