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DF Tax | Royalty, la ambición puede romper el saco

Vicente Sáez, socio de Sáez y Compañía.

Por: Vicente Sáez | Publicado: Jueves 7 de octubre de 2021 a las 04:00 hrs.
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Vicente Sáez

El 30 de agosto pasado, la comisión de Minería y Energía del Senado aprobó la idea de legislar respecto del royalty minero, tributo que, a pesar de la discusión sobre la constitucionalidad del proyecto, avanza a grandes pasos en el camino a convertirse en Ley.

Mucho se ha escrito y discutido sobre si es justo o necesario cobrar un royalty a la minería, algunos sostienen que al extraer recursos no renovables y de propiedad de todos los chilenos es justo y es necesario cobrarlo, lo que parece sensato. Otros sostienen que, por existir muchos mecanismos y prácticas evasivas en la industria, es fundamental establecer un royalty a fin de gravar la extracción y la venta, y no gravar los resultados de las empresas mineras, mientras que otros sostienen que hoy no es necesario el royalty ya que actualmente se aplica el Impuesto Específico a la Actividad Minera (impuesto progresivo de 5% a 35%).

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El proyecto de Ley en trámite pretende establecer un royalty que reemplace al Impuesto Específico a la Actividad Minera, con una tasa progresiva según el precio del cobre (sobre la producción superior a 12 mil toneladas al año), que parte en un 3% y que va progresivamente según aumente el precio del cobre con tasas de 15%, 35%, 50%, 60%, llegando hasta 75%. Es relevante señalar que este tributo se aplicaría de forma independiente del Impuesto Corporativo (Impuesto de Primer Categoría) con una tasa de 27%.

Como siempre, los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas, así el Fisco busca a qué echarle mano para poder subir su recaudación (es más fácil que velar por maximizar el buen uso de los recursos), y por medio del Royalty se espera poder acaparar algunos puntos más del PIB para engordar las arcas fiscales.

Si bien es lógico pensar en un Royalty, por tratarse de la extracción de recursos no renovables, se debe ser cuidadoso, ya que este tributo, de la forma planteada en el proyecto, trae riesgos y puede generar varios problemas: por un lado, tenemos que este tributo significará un aumento en los costos de explotación de minerales, por lo tanto el mínimo de ley mineral necesario para hacer viable un proyecto de explotación deberá aumentar, ya que ahora junto a todos los gastos y costos se debe sumar el Royalty. Lo anterior hace que varios potenciales proyectos que hoy son viables, con Royalty dejen de serlo y no se desarrollen, trayendo como consecuencia que no se genere dicha inversión, no se generen esos puestos de trabajo y no se explote el mineral.

Además, hay que considerar que existen múltiples empresas mineras que operan con muy bajo margen, y este aumento forzado de costos los va a obligar a tener que cerrar y "bajar la cortina".

Otro efecto de este aumento en los costos es que afectará directamente a la inversión, en períodos de bajos precios del cobre se inhibirá la inversión y los desarrollos, e incluso se llegará a detener la operación, lo cual puede significar que el Royalty llegue a ser una medida regresiva.

Evidentemente en periodos de buenos precios, manteniendo medianamente estables los costos, el Royalty significará una mayor recaudación, que puede llegar a recaudar más que el actual Impuesto Específico a la Actividad Minera, pero siempre dependiendo de factores externos como es el precio de los minerales. Y a pesar de que en época de bonanza tiende a subir la recaudación en general, el Royalty puede hacer que se extraiga menos, porque la extracción marginal puede llegar a ser muy cara por culpa de este tributo, lo que haría producir menos.

Con las tasas que están en el proyecto de Ley, invertir en proyectos mineros en Chile será más caro que invertir en otros países de la región, lo que puede llegar a alejar inversionistas, espantando nuevos desarrollos. Entonces, el Royalty de la forma propuesta no sólo afectará a las empresas mineras que operan a bajo margen, las que no podrán sobrevivir y deberán cerrar, sino que también, pueden alejar grandes inversiones y desarrollos al ser menos competitivos como país. Puede ser que la ambición por recaudar a cualquier costo nos termine rompiendo el saco.

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