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DF Tax | Una mirada a un año de la reforma tributaria de Trump

Por: Rodrigo Hernández, socio líder del Área Tributaria y Legal de Mazars Chile | Publicado: Jueves 9 de mayo de 2019 a las 04:00 hrs.
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Rodrigo Hernández, socio líder del Área Tributaria y Legal de Mazars Chile

La comparación era inevitable. Y surgió en algunas discusiones entre expertos y también parlamentarios, que comenzaron a mirar con interés la reforma tributaria del gobierno de Donald Trump llamada Tax Cuts and Jobs Act (TCJA) y que entró en vigencia en diciembre de 2017. ¿Tiene el sistema norteamericano similitudes con el chileno? ¿O con lo que plantea el proyecto de modernización tributaria del gobierno, actualmente en trámite en el Congreso?

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Veamos el tema de la reducción de las tasas impositivas, que es lo más destacado -y conocido- de la TCJA. En el caso de las empresas, la reducción fue más drástica para las llamadas C-Corporations (empresas que tributan en forma separada de sus dueños), que pasaron de una tasa marginal máxima de 35% a una plana de 21%. Este cambio puede implicar una gran reducción en el monto de los impuestos que paguen dichas entidades y que tendría un impacto significativo en la valoración de sus activos o pasivos por impuesto diferido. Esta modificación ha llevado a las empresas a analizar cuál opción de tributación les resulta más conveniente: si declarar sus propios impuestos como una C-Corporation o traspasar el resultado de utilidad o pérdida a sus dueños, como una entidad transparente.

La mejor opción no es obvia, porque mientras las C-Corporations se benefician de un menor impuesto corporativo, sus dueños siguen pagando un impuesto independiente y adicional por los dividendos que reciben; mientras los propietarios de una entidad transparente -que no tributan como tales- se han visto beneficiados de bajas adicionales a sus impuestos finales.

Aunque esta disyuntiva podría parecer muy similar a la que enfrenta un empresario chileno frente a la opción entre renta atribuida y semi-integrado, los sistemas de ambos países tienen diferencias muy significativas. En primer lugar, porque el sistema de transparencia norteamericano se aplica tanto respecto de utilidades como de pérdidas, mientras el sistema atribuido local opera solo respecto del resultado positivo. En segundo término, porque la motivación de la reforma norteamericana ha sido reducir la carga tributaria aplicable a empresas y personas, a fin de reactivar y hacer más competitiva la economía norteamericana frente a sus competidores globales, mientras la motivación de la última reforma chilena fue precisamente la contraria: recaudar más impuestos sobre las utilidades de las empresas o de sus dueños, dando por supuesto que la economía local sería lo suficientemente robusta para soportar e internalizar esta mayor carga tributaria.

En cualquier caso, el ejemplo de Estados Unidos debe hacernos meditar respecto a la urgencia puesta por el gobierno norteamericano en modificar su sistema tributario para fomentar la actividad económica de la mayor economía del mundo. Creemos que es un ejemplo que los actores políticos chilenos debieran tener en cuenta al momento de pronunciarse sobre el proyecto de modernización tributaria enviado el año pasado al Congreso.

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