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DF Tax | Votos hoy y más pobreza mañana

José Miguel Prieto, socio de PTL Prieto Tax & Legal.

Por: José Miguel Prieto | Publicado: Jueves 27 de agosto de 2020 a las 04:00 hrs.
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José Miguel Prieto

En tiempos de pandemia, la principal y urgente ocupación en nuestro país debiese ser encontrar fórmulas de apoyo para aquellas personas que están viviendo carencias graves. En este contexto, la principal medida para ir en su ayuda es establecer las condiciones para que se generen empleos, permitiéndoles hacerse de un ingreso permanente. Las cajas de alimentos, los bonos, los retiros anticipados de las pensiones, solo ayudan temporalmente y poco.

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Al respecto, el proyecto de algunos políticos de gravar con un impuesto transitorio a los "súper ricos" va en la dirección contraria de lo que se requiere para un objetivo que es loable. Pese a que se busca disminuir la desigualdad, según menciona el proyecto, este nuevo impuesto tenderá a acrecentarla, al desincentivar el ahorro y la inversión.

A diferencia de la caricatura de rico Mac Pato, las personas de alto patrimonio no guardan su riqueza en lingotes de oro en una bóveda. Suelen invertir sus activos en negocios que producen y generan empleo. Gravarlas con un nuevo impuesto a la riqueza, además de entregar una señal incorrecta, incidirá en la inversión en esos negocios y, por ende, impactará sobre la economía.

Por lo demás, cabe mencionar que la actual legislación ya grava con altos impuestos a este tipo de contribuyentes, en relación a personas de menores ingresos, o bien, con países de la OECD. En efecto, el impuesto a la renta que se aplica a las utilidades de sus empresas se aumentó de 15% (1991 a 2001) a una tasa actual de 27% (la tasa media de impuesto sobre la renta empresarial en toda la OCDE bajó de 32,5% en 2000 a 23,9% en 2018). Aislando otros factores y en términos simples, el incremento de esta tasa resultó en una menor capacidad para invertir y crecer (el proyecto resalta tasas de crecimiento económico promedio superior al 5% entre 1990-2008, mientras que entre 2014-2019 bajó a un 2%). Así, una empresa que generaba $100, con una tasa de impuesto del 15% quedaba con $85 en caja para reinvertir, crecer, generar más trabajos y nuevas ganancias (afectas a este mismo impuesto). Hoy, esa misma empresa queda con $73.

Cuando ese mismo contribuyente retira la utilidad de su empresa, pagará el impuesto Global Complementario, cuya tasa efectiva máxima se incrementó de 40% a 44,45%, por la reforma tributaria de 2014. De esta forma, al retirar las utilidades del negocio, casi un 50% de la ganancia se destina a impuestos. Claramente no es un monto bajo.

Fuera de lo anterior, debe pagar impuestos al patrimonio. Anualmente, sus empresas pagan una patente municipal de entre un 0,25% y 0,5%, la que aplicará sobre su capital propio tributario (patrimonio tributario), mismo impuesto que pagará por sus inversiones pasivas en caso de haberlas organizado a través de una sociedad.

Luego, si el patrimonio de esta persona incorpora inmuebles, tales como hoteles, predios agrícolas, bienes raíces para renta, u otros, deberá pagar el impuesto territorial con tasas que rondan el 1% (las contribuciones). Este año este impuesto se aumentó, estableciéndose una sobretasa progresiva de hasta 0,275% en la parte que excede los $ 400 millones.

Finalmente, al momento de fallecer, el patrimonio de este "súper rico" quedará afecto a un impuesto a la herencia de hasta un 25%.

Así las cosas, el impuesto que se propone discutir no es solo una nueva y equivoca señal para los fines de reactivar nuestra ya alicaída economía. Al retirar de manos de sus dueños un monto total que el proyecto estima en US$ 6.500 millones, se estará afectando directamente algunos negocios o proyectos de inversión y, por su parte, el Estado verá disminuida en el futuro la recaudación de todos los impuestos antes mencionados: habrá menor recaudación de impuesto a la renta, patente municipal, impuesto a la herencia y contribuciones (en caso de pagar el impuesto mediante la venta de un inmueble).

Hoy, que tenemos un país con un número de desempleados que los expertos proyectan entre 1,5 y 2 millones de personas, todas las medidas debiesen estar enfocadas en acudir en su ayuda, con soluciones permanentes. Así, rebajar el impuesto a las Pymes, revisar franquicias tributarias que ya cumplieron su labor y reenfocar esos recursos, o aplicar cualquier otro tipo de medidas encaminadas en aportar mayor liquidez y proyección a nuestras empresas, fomentando la inversión y reactivación de la economía, pareciera ser la vía correcta. No al revés.

Cabe entonces hacerse la pregunta: de aprobarse este impuesto, ¿cuántos negocios se dejarán de generar? Y, muy importante: ¿cuál será su impacto en la creación de empleos?

Hacemos un llamado a reflexionar de manera muy técnica y seriamente sobre la respuesta a esas dos preguntas. No vaya a optarse por más votos hoy, a cambio de mayor pobreza mañana.

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