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El desafiante camino por delante

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e ha dicho que el plebiscito del domingo, y especialmente la amplia victoria del Apruebo, han funcionado como válvula de escape para una sociedad tensionada por demandas insatisfechas y descontenta con su clase política. Eso se vio una y otra vez en los testimonios de ciudadanos durante la jornada electoral, expresando el deseo de cambios profundos que exceden con mucho el alcance de una Constitución.

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El riesgo, por tanto, es que esas altas expectativas choquen a partir de ahora con la realidad de los plazos, los procedimientos y los debates que demandarán, primero, el proceso de conformar la convención constituyente preferida por los electores, y luego, la compleja reflexión y discusión que supone reformar una Constitución, o crear una nueva. Ello puede generar frustración en parte importante de la opinión pública y aplacarla (o encauzarla) será un desafío tanto para la propia convención como para el Gobierno y el sistema político en su conjunto.

Mucho dependerá, por tanto, de cómo se elige a los constituyentes y de quiénes serán esas personas. La decisión mayoritaria de no recurrir a una convención mixta que incluyera a políticos y parlamentarios en ejercicio es muy reveladora del sentir ciudadano respecto de la actual clase dirigente, incluso de la “elite” en general, y eso deberá ser tenido en cuenta. Pero desde luego no puede significar que el sistema político quede al margen del gravitante proceso de reformar la carta fundamental.

Los chilenos deberán ejercer su juicio con extremo cuidado en esta materia, porque se abre un potencial espacio para instrumentalizar el ansia de cambios en pro de agendas políticas, en desmedro del objetivo republicano de hacer cambios a la Constitución. Y para promocionar la falaz promesa de que los problemas de Chile —y por ende las soluciones— se reducen al texto constitucional.

Los actores políticos, por su parte, deberán ganar un necesario espacio en la etapa que viene, pero de ellos depende que su rol sea constructivo, y no un intento por recuperar apoyo vía protagonismo en el proceso constitucional. Otros países han cometido el error de hacer de la Constitución el centro de su vida política y de sus planes de progreso, olvidando la permanente tarea de construir el futuro día a día. Su difícil presente encierra una lección.

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