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El futuro cuántico podría ser brillante, si se maneja bien

FT View © 2019 The Financial Times Ltd.

Por: FT View | Publicado: Miércoles 2 de octubre de 2019 a las 04:00 hrs.
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Suena como el título de una película de suspenso. Sin embargo, la “supremacía cuántica” — el momento en que una computadora cuántica realiza un cálculo más allá del alcance de las computadoras “tradicionales” más poderosas — que Google afirmó haber logrado la semana pasada, es un verdadero avance. Pero al igual que con otras tecnologías que tienen el potencial de revolucionar la sociedad, se necesita una previsión cuidadosa.

Las computadoras clásicas se construyen basándose en una unidad de información llamada bit, que representa ceros o unos. Los bits cuánticos pueden representar ambos simultáneamente. Unirlos puede permitir la realización de tareas complejas, como calcular millones de posibilidades, en un instante. A las computadoras tradicionales podría tomarles miles de años alcanzar el mismo resultado. Aunque rivales como IBM tienen sus propios sistemas de computación cuántica, Google ha mejorado su control sobre esta tecnología inherentemente inestable, lo cual le permite realizar cálculos mucho más complejos.

Las computadoras cuánticas aún son en gran medida experimentales. El modelo de Google se parece más los coches de carrera Bluebird que a un sedán: puede lograr un objetivo único, pero es poco práctico para la vida diaria. Sin embargo, es una validación importante, que da pie a la siguiente etapa de experimentación. Los avances en temas globales apremiantes, como la salud humana y el cambio climático, se pueden lograr mediante un método que va más allá del binario.

No es sorprendente que una de las grandes compañías tecnológicas —cuya matriz, Alphabet, tiene ingresos de miles de millones— sea la primera en alcanzar la supremacía cuántica. Sin embargo, hay dudas sobre si el sector privado debe establecer la agenda para la próxima frontera de la tecnología. En otros campos en desarrollo, como los implantes neuronales, los expertos han advertido sobre los riesgos potenciales de permitir que las compañías comerciales dicten los términos de desarrollo. La computación cuántica puede tener menos riesgos obvios que la creación de ciborgs, pero es casi seguro que los problemas aparecerán con el tiempo.

Como sugirió la Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural en el caso de los implantes cerebrales, los desafíos éticos deben explorarse en el presente: el rumbo de cualquier nueva tecnología a menudo lo fijan sus primeros desarrolladores. Por ejemplo, si el acceso a la tecnología de computación cuántica está restringido a unas pocas compañías, podría afianzarse su dominio del mercado. También está la cuestión de la seguridad en la era cuántica. Gran parte de la criptografía moderna es vulnerable a los sistemas cuánticos que algún día serán lo suficientemente potentes como para descifrar la compleja aritmética en la que está basada dicha seguridad.

Dado el potencial disruptivo de la computación cuántica, las compañías deben ser transparentes sobre su nivel de capacidades cuánticas. Deben estar dispuestas a comprometerse con el público, el gobierno y la sociedad civil en cuanto a los dilemas éticos. Sólo la discusión franca puede desarrollar un sólido código de conducta para la computación cuántica.

No obstante, se debe alabar el logro de Google. Muy frecuentemente, las grandes compañías tecnológicas han creado innovaciones con el aparente propósito de recopilar datos personales. Crear una tecnología que pueda, en los próximos años, transformar nuestra forma de vida para bien es un buen logro.

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