Jorge Sahd

El incómodo cierre de embajadas

Jorge Sahd K. Director Centro de Estudios Internacionales UC

Por: Jorge Sahd | Publicado: Miércoles 10 de junio de 2020 a las 04:00 hrs.
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El anuncio de Cancillería del cierre de nuestras embajadas en Dinamarca, Grecia, Siria, Rumania y Argelia generó polémica en el mundo diplomático. La decisión, según se informa, se basó en criterios políticos, comerciales, culturales y de innovación. Como era previsible, las comunidades afectadas y algunos diplomáticos que han servido a esos países han expresado su molestia y decepción con la medida.

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¿Se equivoca Cancillería al considerar el cierre de embajadas dentro de sus acciones de política exterior? ¿No debiéramos ver esta acción como el primer paso de una diplomacia más dinámica, que tome lo mejor de la tradicional, pero que abrace sin miedo la era moderna?

La medida, en lo contingente, revela que Cancillería no puede estar al margen del “ajuste de cinturón” que ha realizado el Estado para ir en ayuda de las familias chilenas que más lo necesitan. Aunque un ahorro del orden de cinco millones de dólares parezca menor en nuestro presupuesto de política exterior, en el corto plazo es una ayuda efectiva para la emergencia económica frente al Covid-19.

Pero, más allá de la contingencia, la pandemia está rompiendo esquemas que creíamos intocables, incluso en la propia diplomacia. El cambio tecnológico ha sido acelerado por el coronavirus y ha normalizado prácticas que en el pasado mirábamos con escepticismo ¿Quién hubiera imaginado hace poco tiempo que los ministros de energía de la OPEP alcanzarían un importante acuerdo en la producción de crudo, reunidos en una plataforma digital? La “diplomacia de Zoom”, aunque no sustituye el necesario contacto personal para la generación de confianzas y construcción de acuerdos, sí ha constituido un complemento para actividades diplomáticas diarias.

Bien administrado, este cambio tecnológico será una oportunidad para que la gestión de las relaciones internacionales no se vea mayormente debilitada por el cierre de la residencia física de una embajada. ¿Cómo no imaginar que las nuevas tecnologías reforzarán la gestión de un embajador que es concurrente en otros países, dando mejor seguimiento a los asuntos? Tenemos que desafiar lo posible y pensar, por ejemplo, el concepto de cluster de países, donde el embajador podrá coordinarse de mejor manera con los equipos chilenos desplegados en los otros países gracias al acelerado avance tecnológico.

Más que un paso en falso, la reciente decisión de Cancillería debe ser el primer paso de una revisión profunda en la forma en que Chile organiza su presencia en el exterior de acuerdo a los nuevos tiempos. Eso incluye las agregadurías, las contribuciones a ciertas organizaciones internacionales y, por supuesto, una evaluación periódica y con criterios claros y transparentes del impacto de nuestras embajadas, incluyendo reforzar algunas, abrir otras, pero también cerrar temporalmente las que corresponda. El plan debe ser muy cuidadoso en las formas y oportunidad, porque medidas como el cierre de embajadas tienen costos en las relaciones bilaterales y efectos en las comunidades extranjeras en nuestro país.

Pensar en grande la política exterior no pasa por cuantas residencias físicas tiene Chile en el exterior, sino por la habilidad de sus diplomáticos en la gestión de los asuntos internacionales. Debemos avanzar hacia una diplomacia más dinámica, donde nuestra política exterior tenga mayor flexibilidad para ajustar sus misiones según las prioridades e intereses de Chile. En definitiva, una diplomacia que tome lo mejor de la tradicional, pero que abrace con decisión el futuro.

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