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El mundo empresarial necesita más que figuras inspiradoras

EMMA JACOBS

Por: EMMA JACOBS | Publicado: Lunes 9 de marzo de 2020 a las 04:00 hrs.
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Estoy harta. No sólo porque he pasado demasiado tiempo en mi escritorio ni porque he estado despierta hasta tarde (aunque ambas cosas son ciertas). Se trata de algo completamente diferente: estoy harta de la inspiración.

Descubrí mi malestar después de recibir un correo electrónico con una invitación para conocer a mujeres inspiradoras. Lo borré inmediatamente. Este es un momento difícil del año. Antes del Día Internacional de la Mujer, las mujeres inspiradoras salen en masa. Pero, de hecho, los hombres y mujeres inspiradores están con nosotros todo el año, en conferencias, como oradores después de la cena y en libros, instándonos a tomar el control de nuestras carreras y alcanzar la cima.

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La noción de “inspiración”, aplicada a las figuras de negocios, resume muchas de las cosas que están mal con la ideología moderna que enmarca el trabajo como una experiencia cuasi-religiosa. El mercado de la inspiración está en auge; hay una industria de publicaciones dedicada a presentarnos figuras inspiradoras.

En mi escritorio hay un libro motivacional de Ben Williams, un ex drogadicto que se convirtió en un soldado en la Marina estadounidense. En su libro, “Commando Mindset” (Mentalidad de comando), escribe que la inspiración puede “ser divertida y hacerte sentir bien. La inspiración puede animarte y emocionarte. Pero también puede ser aleccionadora”. En otras palabras, la inspiración es lo que quieres que sea.

Recientemente, Hillary y Chelsea Clinton escribieron “El libro de las mujeres valientes”, en el que describen figuras heroicas “con la valentía para enfrentarse al statu quo, hacer preguntas difíciles y alcanzar sus metas”.

Puedo entender que Hillary es valiente e incluso -lo digo a regañadientes- inspiradora. Pero no veo qué podría aprender de su hija, aparte de darme cuenta de que nacer y crecer en una familia que forma parte de la realeza política estadounidense te puede brindar grandes ventajas.

Las mujeres inspiradoras son las que más me molestan. Al hacer énfasis en el éxito, han ocultado los problemas que enfrentan las mujeres en el trabajo, como la brecha salarial de género. Como Shani Orgad, autora de “Heading Home: Motherhood, Work, and the Failed Promise of Equality” (Regresando a casa: maternidad, trabajo y la promesa fallida de igualdad), dice: “El problema con los modelos a seguir es que individualizan y personalizan los problemas”. Nos hablan del individuo valiente, en lugar de centrarse en cambiar las estructuras del lugar de trabajo.

La etiqueta de figura inspiradora también ejerce presión sobre los modelos mismos. Inevitablemente, están inundados por solicitudes de tutoría, invitaciones para hablar en eventos o peticiones para hacer un trabajo más allá de sus trabajos reales.

Elisabeth Kelan, profesora de liderazgo y organización en la Universidad de Essex, advierte a sus estudiantes que no busquen a mujeres inspiradoras. “Normalmente animo a las mujeres a que intenten emular comportamientos más específicos, como la forma en que dirigen las reuniones, guían a su equipo o cenan con sus hijos. Estos modelos a seguir compuestos son más concretos y realistas”.

¿Puedo sugerir una alternativa? Un anti-modelo, o sea personas que no son inspiradoras que te pueden mostrar los errores que debes evitar. Algunas personas te pueden enseñar los peligros del perfeccionismo, o cómo no ser grosero con tus colegas. Un amigo ha aprendido de su gerente a nunca menospreciar a su equipo ni detener su progreso. “El progreso de los demás no le resta valor a tu progreso”, dice ella, sino lo contrario.

Otra amiga me dijo que dejó su compañía y le agradeció a su jefe, a quien no podía esperar para escapar. “¿Qué hice?” preguntó el jefe, buscando cumplidos.

Cuando mi amiga miró a su jefe, se dio cuenta de que él era su anti-modelo. Ella no quería ser como él: una persona agotada, sobrecargada y atrapada por su trabajo. En ese momento, se sintió vindicada por su decisión de irse y agradecida por la lección de no inspiración.

Cuando miro hacia atrás a las personas que han marcado una diferencia en mi carrera, no son las exitosas figuras inspiradoras y sus mantras de empoderamiento, sino aquellas personas que reconocieron mi potencial, me dieron oportunidades o, mejor aún, un aumento de sueldo.

Sólo necesitas escuchar la entrevista de radio de la BBC de Ian Wright, el exfutbolista del Arsenal, para recordar la importancia de tales personas.

Fue conmovedor escucharlo hablar sobre el maestro que lo tomó bajo su protección. “No sé por qué me eligió, pero lo hizo”, dijo Wright. “Me dio responsabilidad. Fue realmente bueno, me sentí importante. Simplemente me dio la sensación de que yo podía ofrecer algo de utilidad”.

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