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El porfiado consumo

Miguel Ricaurte Economista jefe Banco Itaú

Por: Miguel Ricaurte | Publicado: Martes 2 de octubre de 2018 a las 04:00 hrs.
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Miguel Ricaurte

Para cuando se publique esta columna ya conoceremos las cifras de actividad comercial para agosto del INE, que deberían mostrar apenas un modesto crecimiento del consumo en el mes. Tras alcanzar un peak de crecimiento en el segundo trimestre, el consumo ha tenido un comportamiento irregular en lo que va del año. Usando un sencillo ejercicio estadístico, encontramos que ha habido una moderación transversal de los principales factores que explican el comportamiento del consumo minorista en Chile: el crecimiento del empleo, los salarios, las expectativas privadas, así como los flujos de turistas.

Haciendo un poco de historia, tras varios años de bajo crecimiento (menor al 3%), las ventas minoristas y de automóviles repuntaron hasta 3,9% en 2017. La mejora del año pasado estuvo explicada por sus factores fundamentales: el mayor crecimiento del empleo (1,8%, frente a un promedio por debajo de 1,5% entre 2014 y 2016), un repunte de los salarios reales (que se expandieron algo más de 2%, por sobre el 1,7% de los años anteriores) y la paulatina mejora del sentimiento de los consumidores (el IPEC promedió 42,5 puntos, frente al promedio de 40,3 de 2014-2016).

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A estos factores se sumaron al menos dos eventos importantes, aunque difícilmente repetibles. Uno fue la renovación vehicular motivada por postergación de esta decisión varios años, por el ciclo de algunos productos de financiamiento que demandaban cambiar el vehículo o pagar un “cuotón” final, y por la expectativa de la implementación de restricción vehicular permanente. El otro fue la importante llegada de turistas, cuyo crecimiento de 14,6% en 2017 fue principalmente explicado por visitantes argentinos, lo que habría favorecido las ventas de electrónicos y vestuario, entre otros.

Dada la mejora en el sentimiento privado tras el ciclo electoral y la mejora en las condiciones externas (alza del precio del cobre), se esperaba que el consumo continuase mejorando a lo largo de este año. Sin embargo, salvo por abril y junio, cuando el crecimiento del consumo minorista y las ventas de autos excedió 6%, entre enero a julio (al cierre de esta columna), este indicador ha crecido sólo 3,8%, destacando el débil desempeño del séptimo mes.

Así como los principales factores detrás del dinamismo del consumo impulsaron su aceleración en 2017, hoy están explicando su irregular desempeño. Los salarios se han desacelerado, llegando a crecimiento prácticamente nulo en junio y julio; la creación de empleo se ha moderado, registrando un crecimiento de 1,7% en el trimestre terminado en agosto, frente al 2,4% de la primera mitad del año; el optimismo del consumidor se moderó paulatinamente, llegando a territorio pesimista en agosto por primera vez desde noviembre de 2017.

Finalmente, conforme se han deteriorado las perspectivas económicas de la región —donde destaca la grave crisis argentina—, el flujo de turistas ha mostrado un retroceso marcado, cayendo 7,8% hasta agosto, con la llegada de argentinos retrocediendo 19,7%, 58 mil turistas menos que en el mismo período del año pasado.

Si bien la recuperación minera y de la inversión favorecerá al crecimiento este año, aparecen dudas sobre el vigor del proceso de reactivación de la economía. El consumo privado representa cerca de dos tercios de la economía, por lo que debilitamiento en sus fundamentales despierta dudas sobre el cierre de brecha tras cuatro años de bajo crecimiento y debería alertar a las autoridades económicas.

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