×
Columnistas

Emprendedores desde Chile para el mundo

Carlos Contreras, emprendedor Endeavor y cofundador de AIM.

  • T+
  • T-

El sueño de todo emprendedor es cambiar el mundo. Difícil meta, sobre todo si nos quedamos cómodamente sentados en nuestra burbuja de amigos, compañeros y colegas de Chile, sin salir a explorar lo que "se está haciendo" y lo que "necesita" este mundo que nos queremos comer. Por esto acepté con entusiasmo la invitación a participar junto a un grupo de emprendedores de la red Endeavor en la gira a San Francisco, EE.UU, con foco tecnológico. Un viaje lleno de aprendizajes e inspiración.

La dinámica de la gira involucró cátedras en las universidades de Berkeley y Stanford, visitas a grandes empresas ligadas a la seguridad cibernética, inteligencia artificial y blockchain, además de horas de traslados que permitieron un intercambio valioso de experiencias. Personalmente clasifico en tres categorías lo aprendido: el "estado del arte", "lo que se viene" y "lo que nos falta".

Primero, el estado de arte: "Como una empresa, o eres una 'empresa de software' o estás muerta". Así de simple y tajante fue la afirmación del profesor de Berkeley, Gregory La Blanc, quien nos mostró con innumerables ejemplos que esta nueva revolución industrial está guiada por el cambio de mentalidad y no por la tecnología. La tecnología existe y está disponible, pero no todos van a ser capaces de cambiar la mentalidad y por ende van a morir, tal como murieron cientos de negocios de artesanos y productores en la primera revolución industrial.

Ya no es aceptable que tu rotación de inventario sea cada 6 u 8 meses (como muchos retailers). Empresas como Zara se demoran 25 días desde que diseñan un producto hasta que está en las tiendas. Si ven que la nueva colección tiene éxito, fabrican más, si no, en 25 días tiene una nueva colección en las tiendas. Amazon y Walmart USA no manejan casi inventario y lo poco que manejan lo hacen prediciendo la demanda en base a software.

Segundo, lo que se viene: "Robots, Inteligencia Artificial y más robots". La carrera por quien lanza una plataforma estilo Uber sin conductores es feroz, y con el claro objetivo de reducir costos (los autos autónomos no necesitan dormir). Todo, desde luego, con energías renovables y baterías de litio.

Robots que cocinan y limpian, exoesqueletos que ayudan a enfermeras a trasladar adultos mayores y toda clase de aplicaciones para el comercio son de los grandes cambios que ya se pueden ver en las calles de San Francisco. Sin ir más lejos en el aeropuerto te puedes encontrar con Cafex, cafetería con un brazo robot que te prepara café como un experto barista.

Y tercero, lo que nos falta: "Billetera". En Chile hay talento de sobra, y esto se demuestra con ejemplos de alto impacto como Pamela Chávez, emprendedora Endeavor que participó en la gira y quien en base a bacterias está revolucionando la minería mundial; o científicos como los de NotCo, quienes llegaron a revolucionar la industria de los alimentos. Sin embargo, la batalla se complejiza al competir con emprendedores como los de San Francisco, que tienen a su alrededor inversores que apuestan por ellos desde que tienen simplemente una idea.

Es muy difícil que Chile pretenda generar un alto nivel de innovación si no dedica un porcentaje especifico de inversión a contratar y atraer talento de todo el mundo. ¿Pero de dónde salen los recursos? De todo el mundo. La gracia de ecosistemas como el de San Francisco, es que inversionistas de todo el mundo, inclusive de Chile, invierten en empresas constituidas en Estados Unidos y que sirven al mundo.

Hoy nuestra misión es lograr tener emprendimientos desde Chile para el mundo. Quizá nuestro país aún no sea el lugar para acceder a financiamiento, pero sí debemos ser capaces de captar el valor de los emprendimientos nacionales mediante la colaboración, generando así empleos, innovación y oportunidades de desarrollo. Por ejemplo, si las baterías que propulsan mis autos son de Litio ¿Por qué no fabricarlas en Chile, en vez de cruzar el pacífico y fabricarlas en China?
Para apostar en grande y competir a escala mundial vale la pena mirar a fuera, pero con un pie en Chile. No necesariamente el pie del financiamiento o el pie comercial, pero sí el pie del músculo, el cerebro innovador y del motor de desarrollo que es tanto o más capaz y competitivo que la oferta disponible en "la meca" de la tecnología, San Francisco.

Lo más leído