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Enrique Manzur

Educación superior: cómo evitar otra Arcis

Vicerrector Económico Universidad de Chile

Por: Enrique Manzur | Publicado: Miércoles 22 de marzo de 2017 a las 04:00 hrs.
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La reciente decisión de cierre de la Universidad Arcis por parte del Mineduc, que se suma al cierre de la Universidad del Mar en 2012, pone nuevamente en el debate nacional el nivel de control y supervisión requerido en la educación superior. La visión más liberal plantea que, en un ambiente de libre competencia, basta con dejar que las fuerzas del mercado actúen para asegurar el buen funcionamiento del sistema. El razonamiento es simple y directo: los estudiantes y sus familias premiarán con su preferencia a las instituciones que lo hacen bien y castigarán a aquellas que lo hacen mal. Adicionalmente, se plantea que la presencia de controles externos tiende a limitar u homogenizar la oferta académica de los diferentes proyectos educativos, reduciendo con ello la competencia y la innovación.


Sin embargo, si bien existen múltiples mercados que responden a las premisas antes señaladas, la educación superior no es uno de ellos y las razones son múltiples. Se trata de un servicio cuya evaluación no solo es compleja sino que ocurre con mucha posterioridad a la decisión de "compra", generando que el "castigo" a las instituciones que lo hacen mal pueda demorarse mucho tiempo. En otras palabras, el mercado finalmente se ajusta, pero es un proceso lento y muy costoso para los estudiantes, sus familias y el Estado.


El que hoy la Universidad Arcis tenga menos de 500 alumnos, en comparación a los más de 5.000 con que contaba una década atrás y que solo 8 alumnos nuevos se matricularan este año, son prueba de que el mercado ya había internalizado la situación crítica de la institución. Por su parte las declaraciones del ex rector Tomás Moulian, señalando que cuando él asumió en 2004 la institución presentaba problemas financieros, demuestran que la crisis y el eventual ajuste pueden tardar muchos años.


La dificultad y lentitud del ajuste en el mercado de la educación superior se explica también por las profundas asimetrías de información que existen entre los potenciales postulantes y las instituciones. Sin información oportuna y relevante resulta imposible para un egresado de 4° medio y su familia evaluar adecuadamente la calidad y pertinencia de las distintas ofertas académicas. Si bien se han realizado esfuerzos para reducir este problema, factores clave como la tasa y tiempo de titulación o la empleabilidad en el área de estudio, entre otros, no están fácilmente disponibles.


En esta misma línea, el sistema de acreditación nacional tampoco ha tenido los efectos esperados en términos de facilitar el proceso de evaluación de los postulantes y determinar la viabilidad académica y financiera de las instituciones. Por ejemplo, la Universidad del Mar estaba acreditada por 2 años de un máximo de 7, cuando se decretó su cierre. De manera similar, la U. Iberoamericana fue acreditada en octubre del año pasado, también por 2 años, y hoy presenta serios problemas financieros.


El desafío es generar mecanismos que aseguren una mayor transparencia del sistema, permitiendo así que los jóvenes puedan decidir de manera informada y responsable sobre su futuro educacional.

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