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Esperanza, el motor de la vocación empresarial

Ignacio Arteaga E. Presidente de USEC

Por: Ignacio Arteaga E. | Publicado: Lunes 4 de septiembre de 2017 a las 04:00 hrs.
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Ignacio Arteaga E.

¿Qué haría usted si fuera dueño de esos 29 camiones quemados en San José de la Mariquina? ¿Volvería al negocio? ¿Qué haría si después de años de ardua y costosa tramitación, elaboración seria de análisis y estudios, un comité de ministros rechaza arbitrariamente el proyecto en el que usted planea invertir, sin considerar suficientemente los antecedentes?

Uso estos dos ejemplos recientes por su dramatismo, pero es la pregunta que cada día nos hacemos decenas de miles de empresarios y emprendedores, en este mismo clima de alta desconfianza y pesimismo. ¿Qué nos mueve y nos inspira? ¿Por qué los empresarios y emprendedores confían, se levantan y vuelven a intentarlo? Le respondo de inmediato: no es el “optimismo”, es la esperanza. La esperanza es esa actitud que nos lleva a mirar hacia el futuro ese bien final que se espera y se desea, y que nos hace actuar en el presente para construir, aquí y ahora, ese bien que esperamos y anhelamos. Por ende es una virtud propiamente empresarial. Por otra parte, los empresarios cristianos también estamos llamados, junto con todos los demás cristianos, a vivir la esperanza teologal, que es esa fe proyectada en el futuro que nos hace activos en el presente para alcanzar el gozo del bien eterno que anhelamos.

Quien tiene esperanza va más allá que el mero optimista, ya que hace las cosas porque valen la pena aun cuando el escenario sea adverso. Y esta es una actitud genuinamente empresarial. Un mero optimista puede creer que todo mejorará por la acción de otro –el Estado, un nuevo gobierno, un benefactor, el clima, el precio del cobre– mientras que el empresario que tiene esperanza sabe que el bien común no se logra de modo automático, sino que requiere de su acción firme y decidida. Si el optimista cree que las cosas se van a arreglar con independencia de lo que haga o deje de hacer, no se moverá un metro; en cambio el emprendedor y el empresario que tienen esperanza actúan para que las cosas estén mejor; saben que la perseverancia no asegura el éxito, pero que sin ella el fracaso es seguro. El empresario con esperanza entiende que la comunidad completa pierde algo si él no es fiel a su llamado.

En el origen y desarrollo de todo emprendimiento los empresarios tienen una insatisfacción con la situación que los rodea, y gracias a la virtud de la esperanza transforman esa incomodidad en una oportunidad para contribuir significativamente al bien común. En segundo lugar, creen que esa meta es alcanzable con su esfuerzo, pero saben que no pueden hacerlo solos, y por eso involucran, convencen, motivan y movilizan a más personas, crean comunidad, crean empresa, y así también pasan a ser fuente de esperanza para los demás. ¡Desarrollar empresas es una fuente de esperanza para toda la sociedad! Y tercero, se lanzan a hacerlo.

¡Cuánta falta hace entender lo que hacen empresarios y emprendedores, por qué lo hacen, para qué lo hacen y cómo contribuyen al bien común! Emprender y crear empresas es un llamado, una noble vocación. Y como todo llamado, es trascendente. Los beneficios que genera un negocio, entendido como una noble vocación, superan con creces los resultados económicos del mismo, incluidos los de todos los involucrados.

Para que estos beneficios se manifiesten, las empresas requieren de condiciones que ellas por sí solas no pueden generar. Estado de derecho, certezas jurídicas, respeto a la propiedad privada y cumplimiento de los contratos, estabilidad económica, reglas claras, estables y justas, no arbitrariedad, seguridad, una sociedad civil vigorosa, un amplio abanico de libertades, etc.

Cuando son las propias autoridades las que amagan o desconocen estas condiciones necesarias para el bien común, entonces nos puede venir la tentación de la desesperanza. Pero no, ¡ánimo! Seamos fieles a nuestro llamado, a nuestra noble vocación, mantengámonos unidos y firmes en la esperanza, ella es el motor de nuestra vocación empresarial y fuente de nuestra perseverancia diaria. ¡Maravillosa virtud ésta que nos hace trabajar para construir en el presente el bien futuro que anhelamos a pesar de las injusticias y adversidades!

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