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Esquivar el bulto

Antonio Correa Director Ejecutivo de IdeaPaís

Por: Antonio Correa | Publicado: Viernes 9 de marzo de 2018 a las 04:00 hrs.
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Antonio Correa

Aunque es cierto que el gobierno tenía todas las facultades para realizarlo, el envío del proyecto de nueva Constitución a pocos días de terminar su mandato transmite una señal de improvisación o ligereza difícil maquillar.

Por lo mismo la crítica no es sobre la legalidad o facultad de realizarlo, ni tampoco que este proceso recién comience (la maraña de consejos, procesos, asambleas locales, regionales es un enredo de varios años), sino que se dirige a la poca prolijidad exhibida: enviado a última hora, sin conocimiento de la propia coalición y con múltiples errores de redacción. Un gobierno que quiere pasar a la historia por su visión de estadista no puede refugiarse en la legalidad –cuando él mismo, además, ha prometido ir mucho más allá– porque termina siendo frívolo.

Nos hemos acostumbrado a que el proceso de promover o aprobar distintas políticas públicas o cambios legales se hace al ritmo de “terremotos culturales o sociales”.

Proyectos por largos años dormidos en el Congreso se despachan en unos días luego de una tragedia o de que cuestiones impensadas se vuelven realizables por un simple acontecimiento social. Un claro ejemplo fue la tramitación de la ley de no discriminación: como muestra el libro “Solos en la noche”, de Rodrigo Fluxá, el asesinato de Daniel Zamudio hundía raíces en heridas muy profundas de nuestra sociedad (incluyendo el Sename); sin embargo, terminó siendo la razón principal para aprobar en poco tiempo, no sin afectar el resultado, un proyecto estancado varios años.

Como es obvio, puede ocurrir que tragedias o acontecimientos particulares empujen discusiones y reformas legales. El problema es cuando lo excepcional se torna en hábito y la política deviene en un arte de “sacarse muertos” de encima. Más que resolver cuestiones peliagudas, que en las sociedades modernas generan profundas diferencias y dificultades, procurando el mejor resultado, se busca dejarlos atrás lo antes posible.

Un tema difícil, que la última entrega de los premios Oscar transformó en una piedra caliente, es el de identidad de género y el cambio de sexo. Parece que un simple premio resolvió diferencias que son bastante profundas –y para nada azarosas–, tanto que incluso algunos han aventurado que el próximo gobierno estaría por avanzar en la línea propuesta por el proyecto original.

Al final, el problema no es discutir ni legislar estas materias, sino que enfrentarlas como quien navega en las olas de lo que vaya ocurriendo para siempre procurar esquivar el bulto. ¿No hay cierta ligereza poco digna del verdadero político?

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