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Exportaciones “trogloditas”

Susana Jiménez Vicepresidenta de Sofofa, exministra de Energía

Por: Susana Jiménez | Publicado: Martes 29 de septiembre de 2020 a las 04:00 hrs.
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Susana Jiménez

Mucho se habla del agotamiento de nuestro modelo de desarrollo basado en la exportación de recursos naturales. La falta de diversificación y/o “sofisticación” de las exportaciones sería el resultado de un modelo extractivista, que estaría limitando no sólo nuestra capacidad de crecimiento económico, sino incluso -dicen algunos- nuestro progreso social. Lo anterior, sin embargo, no se sustenta ni en la teoría ni en la realidad.

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Múltiples estudios señalan que no hay evidencia de causalidad entre una matriz exportadora diversificada y crecimiento económico. A ello se suma la experiencia de países como Australia y Nueva Zelanda que han mostrado un rápido desarrollo “a pesar” de su creciente concentración de exportaciones basadas en recursos naturales.

Pero más grave aún es el desconocimiento de quienes condenan la “dependencia de los recursos naturales”, como si eso nos convirtiera en un país de trogloditas. Y surgen, a renglón seguido, las propuestas de políticas industriales, que busca privilegiar selectivamente algunos sectores con apoyo del Estado para “orientarnos” en lo que sería mejor y más rentable para el país.

Una breve mirada da cuenta de que tenemos capacidad de crecimiento para rato aprovechando nuestras actuales ventajas comparativas, lo que por cierto no es contradictorio con seguir ampliando nuestro potencial.

Partamos por la minería: más de la mitad de nuestro cobre (que representa 90% de las exportaciones mineras) corresponde a productos refinados, la industria invierte en capacitación más de $300 mil por trabajador al año y es la tercera a nivel nacional en gasto en I+D. El sector minero ha introducido tecnología de alta sofisticación en sus procesos (robotización, desalación, etc.) y es pionero a nivel mundial.

El sector frutícola, otro de nuestros grandes, no sólo ha incursionado en nuevos productos y variedades, sino que también ha logrado un exitoso encadenamiento hacia atrás con la automatización del riego y la cosecha, y una sostenida apertura hacia más y mayores mercados.

Ni hablar de la complejidad que concentra la industria salmonera, el segundo producto de mayor exportación de Chile. ¡Llevar de nuestros mares y nuestra tierra los mejores productos a un elegante restaurant francés es mucho más complejo de lo que muchos podrían imaginar!

El litio es otro gran recurso natural. Hoy Australia representa el 60% de la producción mundial, pero solamente exporta mineral concentrado. Chile produce el 30%, pero lo vende en forma de químicos de litio, un producto con mayor grado de procesamiento. Muchos se preguntan por qué no seguir aguas abajo y producir cátodos y baterías. Pues por la misma razón que no lo hacen Europa ni EEUU: porque estamos lejos de los desarrolladores tecnológicos que hoy concentran toda la producción (Japón, Corea y China). Sí debiera preocuparnos que Chile, producto de sus trabas regulatorias, pasó de producir un 50% de la oferta mundial a sólo la mitad de eso en una década, contrario a lo que ocurrió en Australia, que cuadruplicó su participación en el mercado mundial en los últimos 10 años.

Chile tiene muchos desafíos por delante en estas materias, pues debe seguir impulsando el comercio internacional, asegurar una regulación e institucionalidad adecuada (que muchas veces no es más que destrabar y desburocratizar) e invertir en capital humano y en infraestructura logística. Porque las tendencias del futuro –alimentación sana, electromovilidad, energía renovable– seguirán ofreciendo enormes oportunidades para nuestros recursos naturales.

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