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Fernando Barros

Profeta en su tierra

Fernando Barros T. Abogado. Consejero de Sofofa

Por: Fernando Barros | Publicado: Viernes 4 de octubre de 2019 a las 04:00 hrs.
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Fernando Barros

Si bien nuestra sociedad se caracteriza por “el pago de Chile” o la sumisa aceptación de que “nadie es profeta en su tierra”, hay personajes excepcionales que rompen esa indiferencia y alcanzan una altura y prestigio que excede el ámbito de su profesión, y que logran amplio reconocimiento por su categoría intelectual y moral y la sincera gratitud por una vida de servicio en favor de nuestro país y del bien de la humanidad.

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Al cumplirse el primer aniversario de la partida de quien fuera nuestro más importante jurista internacional del último siglo, don Francisco Orrego Vicuña (QEPD), tanto en Chile como en el Reino Unido, donde se desempeñó como embajador, doctorando y profesor, han coincidido merecidos homenajes de las comunidades jurídicas nacional e internacional por su vida y legado, caracterizado por el relevante aporte que hiciera a la solución de controversias, desde disputas comerciales y territoriales entre Estados y privados, la enseñanza del derecho y el liderazgo visionario en grandes temas de interés universal.

Con una personalidad caracterizada por la modestia y sencillez de los grandes, con un carácter conciliador y de gran moderación, profundo estudioso, prolífico escritor y creador de instituciones de excelencia, marcó la vida universitaria de cuatro décadas en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, dirigió su Instituto de Estudios Internacionales, dictó cursos en las más prestigiosas universidades y entidades internacionales, recibió el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales en 2001 y fue merecedor de honores de diversos Estados. Su desempeño como juez e integrante de los paneles y comisiones arbitrales llamados a conocer los casos más relevantes del derecho internacional, llenan páginas y estamos ciertos de que constituye el más alto nivel alcanzado por un jurista chileno.

Nuestro país le debe mucho por el rol que desempeñó en la solución pacífica del diferendo surgido con motivo del rechazo por la República Argentina del fallo arbitral favorable a Chile en el diferendo austral. Su juventud no fue obstáculo para que se le encomendara por nuestro gobierno presidir la comisión negociadora y luego integrar el equipo que representó a Chile en la Mediación Papal y que, gracias a la disciplina y al compromiso de paz de las autoridades chilenas, contaron con todo el apoyo requerido para construir el Tratado de Paz y Amistad que en 1984, después de seis años de arduo trabajo, alejó el fantasma de la guerra que en momentos fue inminente.

Su visión global adquirida en una vida cercana a la diplomacia, su excepcional cultura, manejo de varias lenguas y el conocimiento del mundo, le hizo ver, antes que muchos, la relevancia geopolítica, económica y estratégica de la participación de Chile en la Cuenca del Pacífico y luego el TPP, de la Zona Económica Exclusiva, el Derecho Del Mar, el impacto de la temática ambiental en el derecho internacional, etc. Su pionera visión de la importancia de la cooperación antártica, que iluminó su tesis doctoral, lo llevó a organizar el principal encuentro o exploración académica al continente helado con especialistas de los países antárticos que generó importantes publicaciones y su reconocimiento como expedición científica oficial.

La historia reciente aún no termina de escribirse y estoy cierto que seguirá sorprendiéndonos con el descubrimiento de su real aporte al desarrollo de las bases institucionales y empresariales de nuestro país.

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