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Fernando Barros

¿Sabían o debían saber?

Fernando Barros Tocornal Abogado Consejero de Sofofa

Por: Fernando Barros | Publicado: Viernes 2 de agosto de 2019 a las 04:00 hrs.
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Si bien se pensaba que ya no podríamos tener más sorpresas en materia de casos de abusos sexuales y de poder por parte de sacerdotes contra menores y adultos, las conclusiones de la investigación sobre las acusaciones contra el difunto sacerdote Renato Poblete, ícono jesuita, han causado gran impacto, decepción e indignación.

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La sociedad católica y los chilenos, que no habían querido ver ni oír los comentarios que por décadas llegaban como gotera esporádica de casos de curas abusadores, negándoles credibilidad incluso después de la sonora alerta mundial que significó las revelaciones de lo ocurrido en USA, fue sorprendida por los antecedentes de los abusos homosexuales de Fernando Karadima, quien logró ocultar su actuación perversa y llegó a conformar una relación con sus seguidores, que más bien parecía un vínculo de sumisión propio de una secta, que el de un liderazgo espiritual.

Un dolor adicional representó la actitud de algunos miembros de la Iglesia que se erigieron como soberbios jueces, ya no sólo del sacerdote denunciado, sino que de todo su entorno de religiosos, laicos e incluso de la jerarquía de la Iglesia, acusando que no era creíble el desconocimiento, por los cercanos de Karadima, de los abusos ocurridos.

Otra vez algunos jesuitas dictaban su implacable sentencia desde su Olimpo; antes sobre hechos de nuestra historia reciente y ahora contra sus pares religiosos, en cuanto a que ellos “sabían o debían saber” lo ocurrido. Un religioso jesuita muy cercano a la obra social de Poblete llegó a decir respecto de la designación de un obispo que: “[…] es raro que una persona actúe como obispo habiendo estado tantos años ahí (El Bosque) y no vio nada. No sé, no creo que con esa ingenuidad pueda ser un buen obispo”.

La crítica inmisericorde arreció desde sectores ajenos y cercanos a la Iglesia, los que alimentaron la hoguera con descalificaciones universales, incluso pretendiendo sacar dividendos políticos y derivar, de una presunta preeminencia de personas pertenecientes a un segmento social más acomodado dentro de la feligresía de El Bosque, un menor juicio crítico que sería inherente a ese sector social y a una línea de pensamiento conservadora, que al no haber detectado la enfermedad del sacerdote habría demostrado ser incapaz de ver la realidad.

La bajeza intelectual y de espíritu de sacar provecho ideológico del caso de abusos de poder y vínculos homosexuales con sus dirigidos por parte del “cura de la élite” se tradujo en libros, películas, cientos de programas radiales y televisivos, extensos comentarios por todos los medios, los que comienzan a silenciarse al conocerse otros muchos casos, tanto o más dramáticos, involucrando a curas progresistas, jesuitas, maristas, salesianos, legionarios y laicos vinculados a la educación.

La dramática realidad del caso de Renato Poblete evidencia décadas de doble vida con abusos contra menores, sometimiento de adultos, abortos y el engaño a miles que fueron utilizados como pantalla, abusando de su vocación social junto al cura, quien se presentaba como persona de bien y que mal usó el dinero que obtenía para ayuda social, utilizándolo para constituir una posición de dominio sobre los necesitados.

Como sociedad debemos entender que no hay vínculo espiritual, laboral, jerárquico, afinidad ideológica o de cualquier naturaleza que justifique los caudillismos, idolatrías o devociones que se traduzcan en sometimiento de nuestra independencia y capacidad de juicio.

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