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Fernando Reyes Matta

Chile, el litio y el futuro global

Fernando Reyes Matta Exembajador en Nueva Zelanda y China profesor UNAB

Por: Fernando Reyes Matta | Publicado: Viernes 18 de agosto de 2017 a las 04:00 hrs.
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La verdad, es impresionante como en esta campaña presidencial no se está discutiendo futuro. Es como si nada estuviera cambiando en el mundo y todo vaya a ser igual en veinte o treinta años más. ¿Alguien ha comentado en todos sus alcances el Libro Blanco sobre Transporte recién dado a conocer por la Unión Europea? ¿Cuánto hemos razonado con la opinión pública sobre la tendencia creciente de sustituir los combustibles derivados del petróleo por la energía eléctrica y el uso del litio en ello? ¿Qué significa el anuncio de Francia de que al 2040 ya no comercializarán vehículos movidos por hidrocarburos?

El futuro global indica que hacia mediados del siglo el transporte en las ciudades, los traslados de comercio por tierra y crecientemente por aire y mar se sostendrán en energía eléctrica y ésta vendrá del sol y se acumulará en baterías de litio y otros derivados. ¿Y dónde están las grandes reservas de litio del mundo? La mayor parte aquí, en el norte de Chile, en Bolivia y en el norte de Argentina. Tres países que ya debieran estar debatiendo juntos como diseñarán una política de defensa e investigación sobre este mineral y sus múltiples usos. Pero no está ocurriendo y por diversas razones, especialmente por tener la mirada puesta en el pasado y no en el futuro.

Las decisiones de la Unión Europea son muy concretas. Desarrollar y utilizar nuevos combustibles y sistemas de propulsión sostenibles y con estas metas: a) Reducir a la mitad el uso de automóviles de «propulsión convencional» en el transporte urbano para 2030; eliminarlos progresivamente en las ciudades para 2050; lograr que la logística de los principales centros urbanos en 2030 esté fundamentalmente libre de emisiones de CO2; b) llegar a una cuota del 40% de combustibles sostenibles hipocarbónicos en el sector aéreo para 2050; reducir, también para 2050, las emisiones de CO2 de la UE procedentes del fuelóleo para calderas del sector marítimo en un 40% y, si es posible, en un 50%.

Como ha dicho hace pocas semanas la Agencia Internacional de Energía, China ha sobrepasado a Estados Unidos en la circulación de coches eléctricos. Este tipo de vehículos vive un boom en el gigante asiático, donde el gobierno impulsa una política para la implantación y fabricación de este tipo de transporte. En 2015, dice dicha Agencia, circulaban por China 312.770 coches eléctricos. En 2016 se había duplicado la cifra, llegando a los 648.770. Pero eso, con todo, es sólo un dato de tendencia, ya que la cifra aún es muy baja si se quiere combatir en serio la presencia del CO2 en la atmósfera.

El litio, a diferencia de otros commodities, ha registrado un incremento de precio a nivel mundial muy significativo: en 2015 el promedio de la tonelada era de US$ 6.000, hacia fines del 2016 ya superaba los US$ 8.000 y ahora ya va mucho más allá de los US$ 10.000. Ese avance en los precios se explica por una fuerte demanda con crecimientos sobre el 10% anual de aquí a dos décadas, estimándose que al 2035 llegue a representar más del 60% de la energía usada en el transporte por el desarrollo de vehículos a propulsión eléctrica y los sistemas de almacenamiento energético.

A comienzos de 2015 se dio a conocer el informe del Ministerio de Minería sobre el litio. Allí se hicieron propuestas concretas para crear una entidad bajo control del Estado, pero en esfuerzo público-privado, para una gran política nacional sobre el tema. Y no sólo hablar de propiedad, sino también de investigación científica y de una política exterior con proyección en este ámbito. Es cierto que en las últimas semanas se han multiplicado los foros de especialistas y se han escuchado voces de los diversos actores implicados. Pero el momento reclama algo mayor, un estado de ánimo y de perspectiva donde toda la sociedad asuma que estamos a las puertas de un salto clave para el desarrollo del país.

El litio es una oportunidad que reclama un debate nacional. Un debate serio, consensuado, responsable. Por ahora no se ve y es urgente tenerlo.

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