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¿Finanzas modernas? Malas noticias

Leonardo Soto Lead consultant for banking de Continuum HQ

Por: Leonardo Soto | Publicado: Martes 17 de septiembre de 2019 a las 04:00 hrs.
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Leonardo Soto

Pasó como una nota breve, pero es una mala noticia para la industria bancaria: un comisionado de la Comisión para el Mercado Financiero descartó que el “open banking" sea parte del proyecto para regular las FinTech.

Mala noticia, porque la experiencia internacional muestra que los intentos por sincronizar los datos que tienen los bancos sobre sus clientes, con los de otras aplicaciones que controlan y gestionan el dinero, toman años en avanzar. Desde que se plantearon iniciativas en países como Australia, el Reino Unido o Singapur, han pasado dos o tres años. Chile ya está atrasado, por lo que la implementación de cualquier iniciativa podría postergarse hasta 2025, al menos.

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Es mala noticia para la banca, que no podrá beneficiarse de las eficiencias que trae el open banking. Las estrategias de innovación abierta se basan en la posibilidad de que los bancos puedan aprender y hacer alianzas lo más rápido posible con startups que les ofrecen soluciones. La inexistencia de un proyecto de ley sobre la materia impide que todos los actores bancarios puedan avanzar a un mismo ritmo en su apertura y aumenta el riesgo para quien se mueve primero, que puede ser copiado y debe hacerse cargo de una serie de adaptaciones operativas y regulatorias.

Es mala noticia para las FinTech, que pueden ver cómo se desinflaría el impulso tomado en el último tiempo, porque no hay mecanismos estandarizados o claros para conectarse con los bancos.

Es mala noticia para la libre competencia, ya que las iniciativas de open banking han nacido, esencialmente, de la necesidades por incrementar la rivalidad en mercados como el de los medios de pago, como sucede en la Unión Europea. En esa misma zona económica, el empuje a la apertura bancaria también tuvo como objetivo combatir amenazas a la ciberseguridad.

Y es mala noticia para los consumidores, que tendrán que esperar un largo rato más para que se les considere dueños de sus datos bancarios. Con el open banking, el banco pasa a ser un simple custodio de esa data, pero no puede utilizar esta estadística para ofrecer productos más personalizados, como lo hacen Netflix, Uber o Spotify, que dan un servicio de alto estándar y a costos razonables. Además, la apertura crea la opción de que otras instituciones vengan a competir por los clientes: como el acreedor de una deuda no es el único que conoce el historial de pago de un cliente, otros actores de la industria pueden ofrecer opciones de crédito más convenientes, por ejemplo.

Por último, la falta de iniciativa legal pone en jaque al proyecto de portabilidad financiera presentado hace pocos días por el mismo gobierno. Sin open banking queda solo como un tímido avance donde no se alcanza el mismo grado de apertura e interconexión al que nos acostumbró la portabilidad numérica. Así, la inexistencia de una ley será sólo el primer eslabón de una cadena que afectará a muchos actores más.

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