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Guillermo Tagle

Elecciones en Estados Unidos y lecciones para Chile

Guillermo Tagle DIRECTOR ICARE

Por: Guillermo Tagle | Publicado: Viernes 18 de noviembre de 2016 a las 04:00 hrs.
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La elección presidencial de Estados Unidos estuvo llena de sorpresas y cambios de paradigmas. Para quienes pudimos seguir el proceso a la distancia, vemos varios elementos que pueden ser rescatados y servirnos de lección para lo que viviremos en Chile, estando a sólo 12 meses de nuestra propia elección presidencial.

Luego de una reñida competencia en primarias, en el partido Demócrata primó la “cordura” resultando ganadora Hillary Clinton, que representaba el mejor reflejo de la continuidad y de la prevalencia del establishment político de EEUU. Por otra parte, el “Gran Antiguo Partido” (GOP) como se denomina a los Republicanos, no logró levantar el liderazgo de ninguno de sus miembros más “tradicionales”, que fueron quedando en el camino, apabullados por la elocuencia, falta de convencionalidad e irreverencia con que Donald Trump se involucró en esta competencia. Nadie daba un peso por él. Todos los analistas convencionales y TODOS los medios de prensa del mundo, ridiculizaron desde los inicios frente a la idea de que un hombre tan poco convencional, tan irreverente y poco mesurado al momento de emitir opiniones, pudiese tener alguna posibilidad real de ganar.

Sin embargo, con su irreverencia, su capacidad histriónica, sus frases políticamente incorrectas, y el ataque frontal a las debilidades objetivas de su rival, fue ganando portadas, espacios de televisión, explosión en las redes sociales, de tal manera que con menos dinero, logró un rating de audiencia y presencia pública, pocas veces vista en una elección presidencial. Todo este revuelo logró la atención de muchos ciudadanos frustrados por la forma como su país les ha venido quitando oportunidades, haciendo que al american dream le quede poco de dream. Así, con un discurso populista, provocador, pero también en algunos aspectos sensato, votaron 132 millones de personas, 56,9% del padrón electoral (+2% respecto de la elección anterior) y con ello obtuvo 306 votos electorales contra sólo 232 de su rival.

Junto con esto, el tradicional GOP logró mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado, derrotando ampliamente a los Demócratas. Fueron derrotados los mayores grupos de poder del establishment y junto con ello, la prensa, los ambientalistas duros, los promotores del aborto y muchas cosas más. Para el mercado financiero, que anticipaba un pánico y una fuerte “corrida”, el tono conciliador en sus primeras palabras en la madrugada de la votación, fueron suficiente para “calmar” a los mercados, mantener estabilidad en la bolsa y fortalecer al dólar. En resumen, todos equivocados, nadie predijo el resultado, todos erraron en sus pronósticos y proyecciones. Lo que ya habíamos visto en el caso de Brexit, también en las elecciones por la paz en Colombia y en algún grado en las elecciones Municipales de Chile, ocurrió en EEUU pero amplificado y elevado a la potencia.

En Chile, si continuamos por el camino de la división, de la odiosidad y no logramos reconstruir relaciones de confianza, podemos terminar en un resultado similar, con una elección presidencial agresiva y descalificadora, concentrada en destacar debilidades y errores de cada uno, y no en evaluar el “Proyecto País” que propone cada candidato. Chile merece algo mejor. No podemos continuar por la senda de la odiosidad y destrucción social colectiva. Tenemos derecho a soñar con un país que crezca y progrese, con una democracia madura y armónica. Con candidatos focalizados en construir sociedad y no en destruir al prójimo. Tenemos que ser capaces de organizar un proceso de Primarias ordenado y participado, especialmente entre las coaliciones principales. Con candidatos comprometidos a apoyar y cohesionar sus posturas en torno a quien resulte ganador dentro de su sector, donde cada coalición postule también al Congreso a sus mejores personas, a los más calificados, con real vocación de servicio público, dispuestos a poner el interés nacional por sobre cualquier interés o motivación de beneficio personal. Tenemos 12 meses para lograrlo, para motivar a los ciudadanos bien inspirados y que por decepciones pasadas se han abstenido de votar y se han alejado de la vida política, para que se involucren, participen y voten. Tenemos tiempo para enmendar el rumbo, sólo 12 meses para trabajar y organizarnos, de tal manera que evitemos un resultado inesperado, de un candidato populista, que resulte elegido por ser el menos malo, el más “provocador” o el más exuberante. Somos un pueblo con gente buena, que merece lo mejor. Tenemos que dejar y abandonar las rencillas y provocaciones y hacer lo posible por lograr un proceso de elecciones 2017 positivo y constructivo, mirando y tirando pa´elante y abandonando el pasado que no nos permite levantar la mirada y dejar atrás la crisis de confianza que nos podría destruir.

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