Guillermo Tagle

Frutos del dolor de Chile

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Por: Guillermo Tagle | Publicado: Jueves 17 de abril de 2014 a las 05:00 hrs.
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Qué imagen puede ser más horrible, que ver fuego devorando miles de casas. Especialmente cuando son de gente humilde, sencilla, trabajadores, estudiantes, ancianos, perdiendo todo lo que han logrado construir en una vida, recuerdos e historia. Perder la memoria de lo que somos y tenemos producto de un fuego sin control propagado por el viento, que destruyó todo lo encontrado a su paso, dejando como resultado un paisaje apocalíptico.

Aunque algo menos impactante por la costumbre que nos ha heredado nuestra naturaleza e historia, la destrucción del terremoto en el norte de Chile, tan sólo dos semanas antes, suman más dolor y sufrimiento a quienes en esa zona también perdieron sus casas y la tranquilidad del sueño, por el peligro recurrente de un posible tsunami que podría hacer mayor aún la destrucción y las pérdidas.

Dos catástrofes naturales diferentes e independientes en tan sólo dos semanas, en dos zonas de Chile, han provocado nuevamente una herida profunda, desolación, destrucción y deseperanza. Sin embargo, como ya ha ocurrido en muchas ocasiones anteriores, una tragedia como esta provoca en Chile una reacción masiva de solidaridad y unidad, en que todos los chilenos, sin distinción de origen, género o condición económico-social, dejan todo lo que estén haciendo para buscar formas de ayudar, de socorrer, de dar y de darse. Estudiantes de todas las condiciones, trabajadores, ciudadanos, empresarios y políticos, sin aspavientos, sin esperar recompensas ni reconocimientos, han salido a la calle para dar y ayudar, donde y como puedan.

Es este momento de dolor el que provoca intuitiva y espontáneamente en todos la necesidad de detenerse, parar lo que estamos haciendo, dejar a un lado las diferencias, darnos cuenta de qué es lo realmente importante en la vida y concentrar todo el esfuerzo en una causa de solidaridad fundamental, que nos une y recuerda que somos una sola patria, una Nación, un pueblo con sus dificultades, fallas y debilidades, pero que ante los avatares de la dificultad, ante la adversidad, vuelve a sus orígenes, a sus raíces y se vuelca a buscar soluciones y tratar de devolver tranquilidad y paz a quienes han sido los más perjudicados.

Estamos metidos en la mitad de un intenso debate respecto de una reforma tributaria que nos ha sorprendido a muchos por la diversidad de materias y actividades que afectaría para cumplir el objetivo de llevar la carga impositiva a la meta de 3% del PIB que presentó el programa del nuevo gobierno. Mientras para muchos la magnitud y diversidad de tributos afectados representa una seria amenaza a la capacidad de mantener a Chile en una dinámica de crecimiento, competitividad y productividad, las autoridades que la proponen ven en ella una forma efectiva de construir una sociedad más equitativa, con mayor igualdad. En materia de reforma educacional, mientras a muchos preocupa el respeto al derecho y libertad de elegir cómo y dónde cada uno podrá educar a los suyos, para otros lo más importante es que el acceso a la educación sea gratuito y sin ningún riesgo de que algunos puedan acceder a algo mejor que otros, producto de su condición o situación.

Son temas fundamentales de resolver, que nos afectan en lo personal, tanto por las consecuencias económicas (en el tributario), como por los efectos que las reformas que se discuten puedan tener en el plano de las libertades y derechos personales (en el tema de educación). Son materias muy sensibles que fácilmente polarizan la discusión y llevan a muchos a tomar posiciones descalificadoras e intolerantes. La sociedad moderna, pujante y progresista que hemos construido en Chile con tantos años de trabajo, ve de pronto amenazada su unidad y estabilidad por posturas radicales que en momentos parecieran tener mayor interés en una “revancha”, que en la construcción de un país mejor.

Es en este contexto que el dolor de las tragedias que nos está tocando vivir, puede tener su fruto. Volver a darnos cuenta de qué es lo relevante en la vida, de lo importante que es mantener la unidad para enfrentar desafíos mayores (como sacar adelante a los que han perdido todo), que con unidad como Nación logramos cosas mucho mayores y mejores que con división, odiosidad y antagonismos. Que debemos ser capaces de analizar y debatir constructivamente las alternativas e instrumentos que podemos usar para forjar una mejor sociedad. Será más fácil ofrecer y lograr soluciones efectivas y eficientes a los que hoy viven en el dolor, si Chile trabaja unido en la búsqueda del bien común.

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