Guillermo Tagle

La inseguridad que nos invade

Por: Guillermo Tagle | Publicado: Viernes 26 de diciembre de 2014 a las 05:00 hrs.
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Cuando vemos las noticias, leemos la prensa y vemos una tras otra la cobertura a diversos hechos de violencia que ocurren en nuestra ciudad, en Santiago y en Regiones, era habitual mirarlo como hechos aislados, que ocurren a otros. Que en Chile se sigue viviendo en paz, que nuestra Patria tiene un mucho mejor ambiente y sensación de seguridad, que cualquier otro país de América Latina, era lo que muchos pensábamos.


Sin embargo, esa sensación de seguridad que algunos pocos privilegiados manteníamos hasta hace poco, está cambiando en forma radical y profunda. El crimen, los asaltos, los robos con violencia, están ocurriendo en todas partes, varias veces al día, con una abierta sensación de impunidad para los agresores, que lleva a los ciudadanos de Chile a empezar a pensar en prepararse, en protegerse, en saber resguardarse por cuenta propia, porque la seguridad pública, la institucionalidad que siempre nos había enorgullecido y nos hacia sentir seguros y protegidos en cualquier parte de Chile, ha empezado a menguarse.
Es importante reconocer que la perspectiva con que miramos estos fenómenos cambian cuando llegan y afectan a nuestro ámbito personal. Siento necesario primero pedir disculpas a tantos que tal vez vienen sufriendo de esta sensación de falta de seguridad y protección desde mucho antes que uno.


Es verdad, el origen de estas palabras radica en el hecho de poder incluirme ahora entre quienes han sido afectados directamente y en lo propio. Un asalto de encapuchados ingresando a la casa para tratar de robar el auto; pocas semanas después, un asalto a un hijo que caminaba con cuatro amigos por la calle, realizado por seis delincuentes que se bajan de un auto para robarlos. Un hermano que logró batir a un grupo de encapuchados también para robarle su auto, unas pocas semanas antes de que lo mismo ocurriese en mi casa. Avisos de asaltos simultáneos ocurridos y comunicados por el alerta de seguridad de WhatsApp de los vecinos del barrio, que hemos debido organizarnos para apoyarnos y protegernos. Son manifestaciones de que en materia de seguridad pública, se está perdiendo el control.


Hace algunas semanas nos visitó en Chile el Senador Mexicano Ernesto Cordero Arroyo, ex Presidente del Senado de México, con motivo de su participación en un seminario sobre la Alianza del Pacífico organizado por CLAPES-UC. Con motivo de su visita pudimos escuchar y conocer en detalle, las dramáticas situaciones de criminalidad que se viven en ese querido y cercano país, donde hoy la corrupción producto del trafico y comercio de droga, ha llegado a todos los rincones y permeado por toda la institucionalidad de la Patria. La muerte brutal de un grupo numeroso de estudiantes universitarios, ha sido un detonante que ha puesto en los ojos del mundo, la magnitud de los problemas que hoy vive México. Efectivamente, al escuchar la narración del Senador Mexicano respecto de lo que se vive en ese país, volvemos a sentirnos afortunados, porque en Chile estamos todavía lejos de eso. En relación a México, en Chile podemos sentirnos más seguros y protegidos en todo ámbito de problemas y circunstancias. Pero el problema es que vamos avanzando a pasos agigantados y si no se detiene ya la ola de criminalidad que ha empezado a propagarse como un virus perverso, a lo largo de todo Chile, no sería de extrañar que en pocos años, hayamos llegado a vivir en forma parecida a muchos países de la Región.


En una sociedad moderna con derechos y obligaciones, donde el respeto y el "imperio" de la ley son un bien básico que nos permite vivir civilizadamente y en armonía con los demás, Chile no puede ser apoderado por los villanos. Somos muchos más los ciudadanos de buena voluntad, que creemos en el bien común y en el respeto al prójimo como valor fundamental para nuestras vidas. No podemos tolerar ni aceptar que unos pocos se apoderen del orden social, que durante años nos ha enorgullecido y nos ha permitido vivir en paz. Es urgente combatir el flagelo de la corrupción y la violencia, del robo impune, del crimen contra el orden social y personal. Chile no puede perder la paz, no puede perder esa sensación de tranquilidad y seguridad, que por tanto tiempo nos ha permitido sentirnos seguros, mejores y protegidos. Si llega la hora de que los propios ciudadanos resuelvan que no tienen otra solución que tomar la justicia por sus manos y crear mecanismos de auto protección, estaremos perdiendo una de las cosas lindas que tiene esta tierra chilena. Es imperativo, es urgente, esto no puede seguir, tiene que cambiar.

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