Guillermo Tagle

“No + AFP”

Past President ICARE

Por: Guillermo Tagle | Publicado: Viernes 5 de agosto de 2016 a las 04:00 hrs.
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Guillermo Tagle

El tema de las bajas pensiones se ha tomado la agenda. Antes de emitir cualquier opinión, dado los estándares de transparencia que exigen los tiempos, es importante señalar que mi actividad profesional entre otras cosas, provee servicios a la industria de AFPs y también, que he confiado y procurado ahorrar voluntariamente en el Sistema por 35 años. Muchos podrían decir que esto genera un conflicto de interés e invalida el análisis. Pero soy un convencido de que tenemos que construir Sociedad y generar Confianza, sabiendo que en las personas existe la buena fe y la recta intención. Además, en el contexto de la problemática que vivimos, se podría considerar que hoy todos tienen un conflicto de interés, ya sea porque se han beneficiado o porque no se han beneficiado del sistema previsional vigente. Sólo con una discusión abierta, amplia y entre personas calificadas que puedan dejar de lado sus intereses, será posible encontrar y diseñar soluciones viables y de largo plazo, para esta profunda necesidad social.

Las bajas pensiones a que accede hoy un número relevante de chilenos, es un problema de urgente solución. “Los pobres no pueden esperar” (Juan Pablo II en su visita a Chile en 1987) y en Chile llevan mucho tiempo esperando. El Sistema de Pensiones de Chile, dicho por expertos de todo el mundo, es conceptualmente de lo mejor que se ha creado en el planeta. Sin embargo, con el paso de los años han aflorado limitaciones relevantes, que necesitan ajustes y soluciones. Las empresas, el Estado y los trabajadores activos, tendremos que contribuir. Es un problema de disponibilidad de recursos (presentes y futuros), de justicia social para los ancianos de hoy, pero también para los actuales trabajadores y las futuras generaciones. Arreglar este tema requiere de más recursos -por ejemplo- que lo estimado para la Reforma de Educación Superior con Gratuidad Universal. Pero proveer una vida digna para los ancianos y desvalidos es por justicia social, más importante y prioritario, por ello la presión social es en este caso, más que justificada.

Las AFP se han convertido en el símbolo del problema, los dardos apuntan a ellas como los causantes de las bajas pensiones, aunque para cualquier entendido el tema es mucho más profundo y oneroso que lo que las AFPs, en su ámbito, pueden abordar. Entre las múltiples ideas expresadas por los dirigentes del movimiento social, se reconoce que antes de la creación del Sistema de AFPs, Chile tenía un sistema de Pensiones, injusto, incompleto y muy malo, al que nadie quiere volver. También se rescata la conciencia de que para resolver el tema hay que aportar más, que con un 10% de contribución y la prolongación de la esperanza de vida, la ecuación no cuadra. El tema se pone más complejo y confuso, cuando se trata de definir qué se entiende por “Solidaridad”. Es universalmente aceptado que hay que fortalecer el Pilar Solidario, pero parece que la mayoría prefiere que la solidaridad se exprese afectando a otros y no a uno mismo. Según la encuesta Cadem de esta semana, un 87% cree que hay que cambiar el Sistema, pero contrario a eso, un 60% no quiere que le suban el % de cotización, un 63% no está dispuesto a que un alza en los impuestos para contribuir a las pensiones de los más pobres. Un 82% no quiere aumentar la edad de jubilación de las mujeres y un 88% la edad de jubilación de los hombres. Es decir, una amplia mayoría quiere cambios, los cuales son objetivamente necesarios, pero también una amplia mayoría quiere que dichos cambios no le afecten personalmente. Muchos quieren los derechos pero no las obligaciones. Con un 87% de personas que expresa preferencia por el cambio, hay que partir ya. Pero como los ánimos se han caldeado, primero habrá que infundir confianza, buscar formas diferentes y diversas de buscar soluciones. Que preserven las cosas excepcionales del sistema actual y también resuelvan sus debilidades. Que los ancianos y los actuales pensionados, mejoren su condición de vida ya, que las empresas “se pongan”, que los actuales trabajadores estén dispuestos a hacer un esfuerzo adicional y que el Estado, actuando con responsabilidad, no hipoteque el futuro de nuestros hijos, cediendo a presiones políticas o ideológicas. Hay que buscar y diseñar soluciones con altura de miras y ojalá logremos ser nuevamente un ejemplo vivo y real de solidaridad, sobriedad y prudencia, en el manejo social de nuestra Patria.

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