Guillermo Tagle

Reglas claras urgen para la prosperidad

Guillermo Tagle Presidente Credicorp Capital

Por: Guillermo Tagle | Publicado: Jueves 27 de agosto de 2020 a las 04:00 hrs.
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Un frenético calendario de elecciones tiene Chile por delante. En 20 meses habremos pasado por dos plebiscitos, elecciones primarias de diversa índole, renovación de alcaldes, concejales, diputados, senadores y Presidente, tendremos una Constitución con aprobación mayoritaria y sabremos claramente cómo piensan los chilenos; cuántos quieren votar en primarias de cada coalición, cuantos votan por cada postura, cuántos van a las urnas en elecciones voluntarias y cuántos cuando es obligatorio. Si hay algo positivo de la turbulenta agenda electoral que tendemos por delante, es que ya no requeriremos de tanta encuesta, ni habrá tanta especulación respecto de qué quiere la mayoría.

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El epílogo de este proceso puede conducirnos a una nueva era de progreso económico y social, o bien puede dejarnos en un abismo con dirigentes polarizados, y políticas públicas confusas y mal diseñadas. Lo que viene puede ser una tormenta perfecta, que termine con el sueño de convertirnos en un país desarrollado, pero también puede ser una posibilidad para hacer buenos cambios y entrar a una nueva era, que nos traiga prosperidad y paz social.

Las probabilidades están hoy mucho más cargadas a lo primero que a lo segundo. La tensión social, la pérdida de confianza en las instituciones y en los liderazgos de todo espectro, la polarización cruzada de populismo y de múltiples agentes que han olvidado la importancia de poner el bien común por encima de los intereses particulares, hacen a muchos pensar que lo que tenemos por delante no es esperanza de porvenir, si no pronóstico de una muerte anunciada.

Si miramos la historia de nuestra Patria y tratamos de aprender lo bueno y lo malo que hicimos en el pasado para construir un buen futuro, se hace evidente que la época de mayor prosperidad y progreso de la historia coincidió con un período en que -recuperada la democracia- Chile logró trabajar unido y cohesionado, teniendo reglas claras y políticas públicas que, en su agregado, estaban bien estructuradas, eran armónicas y formaban un todo coherente que provocaba crecimiento y progreso colectivo.

La pandemia, que aún no termina, claramente nos va a dejar esquilmados. El Estado y la mayoría de los chilenos habrán consumido todas sus reservas, estaremos endeudados, habremos consumido un porcentaje del ahorro para la vejez y muchos no tendrán un empleo atractivo como para recuperarse de esta calamidad. Por ello, volver a poner el país en marcha se vuelve un imperativo moral. Pero sin reglas claras, sin líderes políticos coordinados y abiertos a trabajar en equipo, el panorama se vuelve en extremo difícil.

Se hace evidente la necesidad de encontrar buena gente —calificada, instruida e inspirada en el bien común—, que tome la conducción del futuro de Chile y diseñe reglas bien estructuradas, que permitan provocar una nueva era de bienestar. Para cada una de las elecciones que tendremos por delante se necesitan buenos candidatos que generen posibilidades concretas de revisar las reglas, diseñar la forma de Gobierno que querremos tener, que fortalezcan el buen funcionamiento del mercado y éste provea crecimiento con equidad y oportunidades para todos los que quieran trabajar.

Aspirar a derechos sin querer obligaciones habrá quedado en la historia. El Covid-19 nos habrá aterrizado a la fuerza a una nueva realidad en la que tendremos que trabajar mucho más, pero en la que habremos aprendido la importancia de convivir en paz, de trabajar en equipo y de luchar juntos.

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