Guillermo Tagle

Un desafío para adultos

Guillermo Tagle Presidente Credicorp Capital

Por: Guillermo Tagle | Publicado: Martes 25 de mayo de 2021 a las 04:00 hrs.
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El proceso de cambios políticos, económicos y sociales que se inició con fuerza a partir de octubre de 2019 ha llegado a su etapa crucial: la redacción de una nueva Constitución. La composición de la Convención elegida es de marcada tendencia de independientes de izquierda; y los partidos tradicionales, a pesar de haber sido los principales actores en el proceso de cambios más exitoso en la historia de Chile, quedaron en posición de minoría.

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Las primeras declaraciones de algunos convencionales elegidos explican por qué el mercado bursátil registró una semana negra y la moneda también tuvo una depreciación relevante. Ha resultado sorprendente para la mayoría de los analistas que siguen nuestro país desde el exterior que haya una posibilidad alta de cambiar el rumbo, tomando banderas muy similares a las de países con los peores indicadores de progreso económico y social en el registro reciente.

Si partimos de un principio de “buena fe”, podemos suponer que todos los que hicieron el trabajo de presentarse como candidatos a la Convención creen que, con sus ideas y principios, Chile puede hacer un cambio para mejor. A diferencia de muchos otros cargos de elección popular, esta nominación no acarrea una gran compensación monetaria, es por un plazo acotado y, además, impone restricciones futuras respecto de la participación en otros cargos públicos.

Pero la dificultad radica en lo diferentes que son los caminos y propuestas con que piensan que se puede lograr el propósito de aportar al bien común. El problema principal radica en que algunos lleguen a la Convención con espíritu de “revancha”. Es decir, no con el ánimo de mirar al futuro y buscar el bien para todos, si no que convencidos de que los 30 años de progreso que convirtieron a Chile en el país más exitoso de la región fueron a costa del sacrificio de algunos para el beneficio de otros y que, por lo tanto, esta es la hora en que los frutos del progreso se trasladen desde los beneficiados hacia los sacrificados.

En este contexto es donde surge una “utopía” que es conveniente despejar para tratar de sembrar diálogo y cordura. Para poder repartir con mayor justicia y equidad lo que un país genera, tiene que haber buenos trabajos, recursos, emprendimientos y empresas exitosas, que generen disponibilidad de lo que se quiere repartir. Estamos viviendo tiempos en que la pandemia terminará con buena parte de los ahorros y recursos que el Estado acumuló en tiempos de bonanza. Quedará mucha gente sin trabajo y muchas empresas que habían sido exitosas y símbolo de progreso quedarán pulverizadas por esta calamidad. Millones habrán consumido los ahorros que estaban reservado para su pensión.

Es en este contexto que estamos entrando a diseñar el tipo de sociedad que queremos construir. El desafío es, definitivamente, construir un ambiente de diálogo colaborativo entre todos los elegidos para ser miembros de esta Convención, que permita constatar sinceramente la realidad en que se encuentra Chile y que puedan construir acuerdos para diseñar una buena Constitución al servicio de todos y no un documento legal que oficialice reivindicaciones y revanchas.

Lo visto y leído en algunas declaraciones de algunos elegidos a la Convención hacen que lo que aquí se propone suene utópico, pero definitivamente es la única fórmula que puede prometer a las generaciones que vienen un futuro esplendor.

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