Guillermo Tagle

Y se hizo la LUF...

Por: Guillermo Tagle | Publicado: Viernes 29 de noviembre de 2013 a las 05:00 hrs.
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Aun a costa de ser majadero, no es posible evitar celebrar en este espacio, la reciente aprobación de la Ley Única de Fondos por parte del Congreso de la República.

Con perseverancia y paciencia este proyecto, el más emblemático de todos los cambios e innovaciones impulsadas en materias de Mercado de Capitales por el Ministerio de Hacienda en este mandato, fue aprobado contra todas las apuestas de analistas y expertos que ya habían literalmente “tirado la toalla”. ¿Por qué es bueno para Chile que un proyecto de esta naturaleza haya sido aprobado, la semana siguiente a las elecciones parlamentarias, cuando ya se había definido la nueva composición del Congreso para el nuevo período que se inicia en marzo 2014?
En primer lugar, y por sobre todos los beneficios del propio proyecto, su aprobación en la etapa final de un gobierno con autoridades que están terminando su mandato, es una muestra importante de madurez cívica. Nuestro parlamento y nuestro gobierno siguen trabajando, por el bien de Chile, al margen de las diferencias políticas y de las fricciones que naturalmente surgen en un período de elecciones como el que estamos viviendo. 


En cuanto al proyecto mismo, este es relevante por varias razones, que aquí no podemos enumerar pero sí destacar la más significativa: Chile necesita buscar nuevas fuentes de generación de ingresos por exportaciones. Nuestra industria de servicios financieros es posiblemente una de las más desarrolladas y sofisticadas de América Latina, sin embargo estaba impedida de exportar sus capacidades a clientes extranjeros. ¿Cómo es posible que en un país que ha sido 100% abierto al comercio exterior, que haya basado su estrategia de crecimiento en las exportaciones, haya tenido una industria impedida de internacionalizarse? Simplemente, porque manteniendo “fricciones” tributarias para esos potenciales demandantes extranjeros de servicios financieros, se impide y se anula la potencial actividad. Hasta ahora, la legislación chilena mantenía barreras tributarias, “lomos de toro”, que hacían imposible que un extranjero encargara a un agente chileno, servicios de administración de inversiones ya sea dentro o fuera de Chile.

Los tributos que le afectaban, hacían inviable esta actividad. A todos les parece obvio que si los puertos chilenos gravan con un fuerte impuesto a cualquier turista que se baje de un barco para conocer nuestro país, la consecuencia sería que los barcos no se detendrían en Chile. Sin embargo, se necesitaron años de discusión y análisis para demostrar que la situación de un inversionista extranjero que tiene que decidir a quién encomienda la gestión de sus recursos, jamás lo va a hacer en un lugar donde sus ganancias sean fuertemente gravadas por impuestos, independiente de si las inversiones se hicieron dentro o fuera del propio país. A partir de la promulgación de la LUF, al menos para cierto tipo de fondos (por ello esto se considera un primer paso) el inversionista extranjero no tendrá que pagar impuestos sobre las comisiones y tampoco sobre las ganancias de capital que le generen dichas inversiones. En ningún mercado del planeta que pretenda ser un centro internacional de servicios financieros, se puede gravar a los no residentes con impuestos sobre los beneficios que obtienen en la contratación de servicios. Chile sí cobraba impuestos por estas materias y mientras ello ocurriera, simplemente esta actividad no tenía ninguna posibilidad de florecer localmente.

Un ejemplo relevante de cómo se desarrollan los mercados, cuando se dan los pasos correctos, es lo que ocurrió en Chile con MKI, cuando luego de años de debate, en el año 2001 se logró establecer que el impuesto a las ganancias de capital sobre las diferencias de precios en el valor de las acciones era un doble tributo, que espantaba a los inversionistas extranjeros. Desde la promulgación de esa reforma legal, el mercado bursátil chileno logró multiplicar por varias veces los montos transados, logró incluso convertirse en una plaza más atractiva que la propia bolsa de Nueva York, trayendo de vuelta a nuestro mercado local las aperturas y colocaciones que habían empezado a hacerse mayoritariamente en la forma de ADR, porque ese mecanismo no gravaba lo que no se debe gravar. La LUF debería ser para la industria de administración de activos, tan importante como en su momento fue MKI para el mercado bursátil. Un primer paso, muy relevante y que servirá para seguir con muchos avances más, que en algún plazo permitan realizar y materializar con miles de beneficios, creación de oportunidades y bienestar, el postergado sueño de tener en Chile un centro financiero internacional. Gracias al Parlamento y al Ministerio de Hacienda por perseverar y salir adelante con esta relevante iniciativa.

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