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Hacia una vejez activa

Macarena Rojas G. Centro UC de Estudios de Vejez y Envejecimiento

Por: Macarena Rojas G. | Publicado: Jueves 6 de febrero de 2020 a las 04:00 hrs.
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Macarena Rojas G.

La relación entre trabajo y envejecimiento tiene varias aristas. Por una parte, evidencia la necesidad económica, principal motivo declarado para trabajar. Sin embargo, centra también la discusión en la necesidad de cambiar la mirada en torno a la vejez, y lo imperioso de la no discriminación por motivos de edad.

Hoy en día, más de un tercio de las personas mayores de nuestro país continúan incorporadas en el mundo del trabajo -cerca de 1.300.000 personas-, en su mayoría hombres, y personas mayores menores de 75 años. Si bien una de las principales motivaciones para trabajar es aumentar sus ingresos, dos de cada tres personas -cerca de 900.000- declaran que continuarían trabajando aunque no tuviesen la necesidad de hacerlo, pues les genera realización personal, les permite mantenerse activos, compartir con otros, y aportar con su experiencia y conocimientos.

Según cifras del Observatorio UC del Envejecimiento para un Chile con Futuro –basado en proyecciones de la OIT-, Chile es el país de la región en el que más habría aumentado la edad mediana de la fuerza laboral respecto de los años noventa, pasando de 34 años a 41,2 años en 2020, ubicándonos como el país con mayor edad mediana de la fuerza laboral. Esto representa un aumento de 7,2 años, a diferencia de países como Argentina, en que en el mismo periodo aumentó sólo 2,4 años. Y se estima que para 2030 el panorama en la región continuará siendo el de envejecimiento de la fuerza laboral.

En el caso de Chile, la proyección indica que el 50% de la fuerza laboral tendrá una edad mayor o igual a 43,8 años, lo que nuevamente nos posicionará en el primer lugar en términos del envejecimiento de los trabajadores.

¿Estamos preparados para esta transformación? Sin duda no: aún existen algunas leyes o normas que discriminan por edad –por ejemplo, un sueldo mínimo inferior al sueldo mínimo nacional-, o limitan el desarrollo de iniciativas que concilien mejor el trabajo en esta etapa, pues muchos mayores quisieran retirarse gradualmente o acceder a puestos de trabajo adecuados y más flexibles. En ese sentido, el anuncio sobre una modificación a la legislación laboral que resguarde de mejor manera a las personas mayores y que flexibilice algunos aspectos que permitan incorporar nuevos modelos de gestión de la edad en la empresa será de gran ayuda.

¿Soluciona esto los “problemas del envejecimiento”? No, pero es un importante avance en un aspecto central. Ante el hecho que el envejecimiento de la fuerza laboral va en aumento, se requiere también de un mejor sistema de seguridad social que apoye a las personas mayores en salud, transporte, y la generación de ciudades más amigables, de modo que el trabajo sea una fuente de realización. Por lo mismo, se requiere también de políticas públicas que permitan que las personas mayores puedan aportar su experiencia y desarrollen su potencial en espacios más allá del trabajo.

Como sociedad estamos en deuda. Existe la idea generalizada de que las personas mayores son “enfermizas”, que no pueden hacerse cargo de sí mismas y otros estereotipos de “viejismo”, lejanos de la realidad. Los adultos mayores, en general, son activos y necesitan encontrar espacios de integración social, entre ellos espacios laborales.

¿Cuál es el camino a seguir? Re-evaluar qué imagen tenemos de la vejez, prepararnos para ese envejecimiento, y “hacernos amigos” de esta etapa. El prejuicio que tenemos de esta fase de la vida es una construcción que hacemos entre todos: ¡Cambiemos la mirada y pensemos sin edad!

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