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Hernán Salinas

Un viaje lejos de una política de Estado

Hernán Salinas Burgos Profesor Derecho Internacional Facultad de Derecho UC

Por: Hernán Salinas | Publicado: Viernes 12 de enero de 2018 a las 04:00 hrs.
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En las postrimerías de su mandato, la presidente Michelle Bachelet ha realizado un innecesario e inexplicable viaje a Cuba, que no corresponde a ningún interés nacional y que, por el contrario, contradice principios fundamentales de nuestra política exterior y sólo responde a un interés de carácter ideológico.

En efecto, entre aquellos principios comprendidos dentro de una política de Estado en materia de relaciones exteriores se encuentra el de la defensa de los derechos humanos y de la democracia representativa.

Por otra parte, aquellos constituyen principios y objetivos del Derecho Internacional americano, comprendidos, en particular, en instrumentos tales como la Carta de la Organización de los Estados Americanos, la Convención Americana sobre Derechos Humanos de 1969 y la Carta Democrática Interamericana.

Un símbolo de la vulneración de los derechos humanos y de la inexistencia de un régimen democrático representativo en nuestro continente americano lo constituye Cuba, país sometido a una larga dictadura, primero de Fidel Castro y hoy de su hermano Raúl Castro.

Más inexplicable aún es este viaje “justificado” en supuestos objetivos comerciales y de inversión, si se considera el escaso comercio e inversiones recíprocas y el hecho de que nuestra Jefe de Estado no realizó ningún acto o gesto en concordancia con los principios de política exterior que en su rol de conductora de nuestras relaciones exteriores tiene el deber de afirmar.

En efecto, conjuntamente con no hacer presente el interés de Chile dentro de su política exterior sobre su preocupación por la situación de los derechos humanos y la falta de democracia en Cuba, no se entrevistó con los dirigentes de sectores disidentes del régimen cubano perseguidos precisamente por su crítica a la violación de los derechos humanos y sostener la necesidad de una apertura democrática en dicho país.

Asimismo, más incomprensible resulta la visita indicada si se considera que nuestro gobierno se encuentra involucrado como facilitador en un delicado y hasta ahora poco auspicioso proceso de negociación entre el gobierno venezolano y parte de la oposición, donde el viaje indicado y la forma en que éste se desarrolló, da una señal equivocada respecto de nuestros intereses y principios en materia de política exterior.

Hoy más que nunca, encontrándose Chile involucrado en un proceso que sólo puede culminar en el término de la persecución y encarcelamiento de los disidentes venezolanos, el restablecimiento de un régimen de respeto y separación de poderes, la vigencia del Estado de derecho y un cronograma electoral de transición democrática, una posición y señales claras e inequívocas de nuestro gobierno de afirmación y defensa como una política exterior de Estado en el respeto de las libertades fundamentales y derechos comunes y de la democracia representativa aparecen como esenciales.

Sólo así, en concordancia con los referidos principios fundamentales, se puede justificar la participación de Chile en dicho proceso, en beneficio de la libertad y democracia en Venezuela.

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