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Impuestos, una mirada diferente

Manuel Bengolea Gerente general Octogone Chile

Por: Manuel Bengolea | Publicado: Jueves 28 de junio de 2018 a las 04:00 hrs.
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Manuel Bengolea

Sin duda los impuestos son controversiales en la discusión de actualidad. El debate académico y político está cruzado por argumentos emocionales e ideológicos. Que los ricos, o los poderosos de siempre, paguen más impuestos es un slogan que vende rápido y masivamente. Es más, cualquier economista serio, indistintamente del color político, dirá que el aumento de los impuestos corporativos (primera categoría) tiene un efecto negativo en la inversión y ahorro, y que aumentar la tasa de crecimiento económico es una de las mejores estrategias para incrementar la recaudación tributaria y el bienestar.

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A pesar de todo ello, la discusión política en la oposición es que es impensable e indecente plantear una disminución del pago de impuestos en las empresas, a pesar de que Chile tiene la tasa más alta de los países OCDE, y la recaudación de dicho impuesto como porcentaje del PGB es la cuarta más alta (datos a 2016).

El gobierno, por otra parte, ha ido variando su postura respecto del impuesto de primera categoría. En su campaña planteó la necesidad de bajarlos a niveles de la OCDE, pero el discurso se ha ido desdibujando, porque la oposición ha vendido bien el concepto “Robin Hood”. Entonces, la alternativa para ordenar el desaliño fiscal legado por el gobierno anterior es bajar los gastos, de manera de transitar nuevamente hacia la sobriedad fiscal, y esperar que el efecto de ello le permita al sector privado expandirse más rápidamente, para así retomar el círculo virtuoso de crecimiento económico. Puede ser, pero pareciera insuficiente.

Los impuestos requieren de un ajuste mayor, tanto en lo técnico como en lo político. En lo técnico, los especialistas coincidirán mayoritariamente en que un 1% más de crecimiento recauda aproximadamente US$ 1,2 billones adicionales, por lo tanto, es imperativo aumentar el crecimiento potencial de la economía chilena. ¿Cómo? Bajando el impuesto de primera categoría de forma de incentivar el ahorro y la inversión, que producirá mayor crecimiento, más utilidades y, por ende, más recaudación. No olvidemos que la Operación Renta 2017, pese al aumento del impuesto a las empresas desde 22,5% a 24%, registró un aumento en la recaudación total de sólo 0.6%.

En lo político, los contribuyentes debemos entender que nosotros financiamos el Estado, y que los fondos que los políticos y el gobierno de turno se preocupan de gastar nos pertenecen. Cuando los políticos —en ejercicio o candidatos— declaran con desparpajo sobre cómo gastar lo recaudado, a quién cargarle más impuestos, y qué tasas son altas o bajas, están hablando del esfuerzo productivo de la mayoría de los chilenos, trabajadores, emprendedores y empresarios.

Por ende, cuando oiga que es una injusticia social bajarles el impuesto a los ricos, recuerde que cerca de la mitad de lo recaudado lo pagan ellos (renta y primera categoría), que el mayor crecimiento económico aumenta las oportunidades de trabajo y los salarios (lo inverso quedó demostrado en el gobierno anterior), e incentiva el emprendimiento. Cualquier democracia sólida debe evitar que el vínculo entre esfuerzo y compensación se deteriore, y lamentablemente los impuestos lo hacen.

Para ciertos políticos es fácil anunciar y divulgar el credo de justicia impositiva cuando, independiente de si lo hacen bien o mal, su ingreso a fin de mes está asegurado. Para ellos es sencillo repartir una porción del trabajo que se expropia a otros. El problema de fondo de estos políticos es que reducir impuestos les quita poder, por eso su oposición.

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