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Integridad financiera y género

Enrique Marshall Economista y exvicepresidente del Banco Central

Por: Enrique Marshall | Publicado: Martes 4 de diciembre de 2018 a las 04:00 hrs.
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Enrique Marshall

La Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF) entrega anualmente un informe sobre género en la actividad bancaria. Este se inició en 2002 y se ha publicado sin interrupciones, constituyéndose en un valioso antecedente para los bancos y los formuladores de políticas públicas. La iniciativa surgió como resultado de una interpelación que el Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), antecesor del actual Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, dirigió a los servicios públicos para que incluyeran en sus actividades esta temática.

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La SBIF reaccionó con rapidez iniciando la publicación de este reporte, que ha pasado a ser un referente a nivel tanto nacional como internacional. Con todo, los créditos del Sernam en la gestación de este proyecto deben ser reconocidos. La decimoséptima versión, correspondiente a este año, reafirma ciertas tendencias que se venían observando con anterioridad. La más importante es que las brechas de género en el acceso a los servicios se han reducido, aunque son todavía muy relevantes y merecen atención.

Otro resultado en el que resulta interesante detenerse es la diferencia entre hombres y mujeres en materia de cumplimiento e integridad financiera. Por un lado, las mujeres registran índices de morosidad o incumplimiento más bajos que los hombres. Este diferencial se ha reproducido casi sin variaciones a lo largo del tiempo. Es también un resultado reportado por otros estudios.

Sin embargo, la morosidad no supone necesariamente una falta de integridad o una conducta moralmente reprochable. Es bien sabido que las decisiones financieras conllevan riesgos. Ello implica que las condiciones pueden cambiar y que el obligado al pago puede verse imposibilitado de honrar sus compromisos, por lo menos en el corto plazo. Por ello, al deudor moroso se le asignan responsabilidades, pero no se le imputa una falta penal.

Con todo, el informe reporta otro dato que sí tiene que ver muy directamente con la integridad y el correcto proceder. Es el porcentaje de cheques protestados sobre el total de cheques presentados a cobro. Y respecto de este indicador, el informe encuentra que las mujeres aventajan a los hombres y, además, que lo han hecho persistentemente.

El protesto, por regla general, es el resultado de una acción dolosa. En este caso, no hay un cambio de circunstancias o condiciones que brinde justificación. Lo que hay es el intento de hacer creer a la contraparte que se le está pagando, cuando en realidad no es así, porque se carece del saldo necesario o se trama aplicar triquiñuelas para que el pago en realidad no se materialice.

El indicador de protestos, más duro que el de morosidad, es el que permite afirmar que las mujeres tienen efectivamente un comportamiento más íntegro que los hombres en el manejo de sus finanzas personales. Puede sorprender a algunos, pero en este caso somos los hombres los convocados a cerrar la brecha.

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