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Columnistas

Inversionistas vigilantes para un buen mercado de valores

Juan Pablo Bórquez Yunge Ingeniero Comercial, Abogado

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Los escandalosos hechos que se conocieron hace algunas semanas en la FIFA nos volvieron a recordar cuán importantes son los buenos gobiernos corporativos y su escrutinio. Una prevención que el mismo Adam Smith hiciera en La Riqueza de las Naciones -publicada hace más de dos siglos- al referirse a las sociedades por acciones: no puede esperarse que los administradores de tales compañías, por cuanto gestionan dineros ajenos y no los suyos, empleen la misma vigilancia ansiosa que despliegan las personas en el cuidado de sus propios negocios.


Esa misma falta de vigilancia es la que según el inglés David Sainsbury habría causado la crisis financiera del 2008. Estrategias de inversión con un foco eminentemente de corto plazo llevadas a cabo por gestores sin ningún interés en ejercer sus derechos como accionistas que dieron origen a un verdadero "capitalismo sin dueños". Una peligrosa paradoja pues lo que distingue al capitalismo es que los bienes de una sociedad están en manos de individuos que ejercen activamente su derecho de propiedad.


Chile cuenta con un mercado de valores cuya capitalización bursátil es del orden de US$ 230.000 millones, lo que equivale a un impresionante 106% del PIB y lo hace uno de los mayores, sino el mayor, de Latinoamérica en participación relativa. No cabe duda de que este mercado ha ayudado a crear riqueza y para que ello beneficie a todos se requieren estándares de vigilancia más elevados. Un síntoma de dicho déficit es la tolerancia o pasividad al hecho de que tengamos sociedades anónimas abiertas con directorios integrados por personas que ejercen esa función en al menos 9 empresas diferentes, número que es todavía mayor si se consideran los directorios de las compañías de seguros. Debería preocuparnos, además de la idoneidad y competencia de quienes ejercen tareas de tal responsabilidad, si verdaderamente pueden dedicarle el tiempo que ello demanda.


El mercado de valores tiene un rol vital en ayudar a que nuestra economía cree prosperidad. Para eso, tiene que percibirse que opera en forma sana y justa. Ello se logra con una bien balanceada combinación de reglas adecuadas, autoridades que las hacen cumplir oportunamente e inversionistas que se comportan como verdaderos dueños por lo que monitorean el desempeño del gobierno de las empresas en que invierten. Esa tarea de escrutinio conlleva medir, de manera objetiva y verificable, si las empresas están siendo gobernadas de manera sustentable. Las que así se administran están en mejor condición para advertir y gestionar riesgos, son transparentes, rinden cuenta, gozan de buena reputación, atraen y retienen capital humano. En suma, crean valor de largo plazo para sus accionistas y demás stakeholders.


En esa materia los inversionistas institucionales de nuestro país están llamados a cumplir un importantísimo rol y no solamente porque recaen en ellos las responsabilidades fiduciarias propias de quienes son administradores del dinero de otros. Han de actuar como dueños y vigilantes ansiosos en forma colaborativa porque ese tipo de comportamiento ayuda a crear valor. Por su parte, los legisladores y reguladores tienen que generar y mejorar las normas para que dicha tarea beneficie tanto a inversionistas como a emisores.

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