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IPOM | El Banco Central se lanza a la piscina (¿sin agua?)

Alejandro Fernández Beroš gerente estudios gemines

Por: Alejandro Fernández Beroš | Publicado: Jueves 6 de septiembre de 2018 a las 04:00 hrs.
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Alejandro Fernández Beroš

Si hay algo que sorprende del IPoM de septiembre es la revisión de las proyecciones de crecimiento para este año. El exceso de timidez en junio, cuando pasó de 3%-4% a 3,25%-4%, debiendo haber subido a 3,5%-4,25% para elevar la estimación a 3,75%-4,25% ahora, se transformó en una proyección de 4%-4,5%, que tiene una cota superior casi imposible de alcanzar, ya que se requiere un crecimiento de 4,3% entre agosto y diciembre, y un piso que, en caso de acentuarse las tendencias actuales de desaceleración del crecimiento en el margen (desestacionalizado) y deterioro de expectativas, podría ser perforado sin que nadie pueda declararse sorprendido por el hecho. Cuesta entender, también, que el Banco Central declare cerrada la brecha de Producto, cuando se acumularon holguras importantes en el período 2014-17 si se las compara con las estimaciones de PIB potencial de la época.

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Dado lo anterior, no sorprende que el instituto emisor haya persistido en su planteamiento de que la TPM debería subir en los próximos meses, esto es en octubre o, más probablemente, en diciembre próximo, lo que se combina con una mayor estimación de inflación para el cierre del año, la que quedó en 3,1% y que se justifica por el probable impacto de la mayor devaluación del peso.

Lo que el Banco Central parece estar dejando fuera de la ecuación es el debilitamiento en el crecimiento desestacionalizado del PIB no minero en los últimos meses, que ha venido acompañado de un deterioro continuo en las expectativas de empresarios y consumidores, que hacen probable una desaceleración que, aunque aún compatible con un crecimiento en torno al piso del rango de 4% a 4,5%, podría resultar inferior a este piso si las tendencias se acentúan en los próximos meses.

Adicionalmente, la visión del instituto emisor sobre el escenario externo parece optimista. No parece ver un deterioro adicional importante de las expectativas por el agravamiento de la guerra comercial, de las tensiones en el Medio Oriente y de la muy probable profundización de la crisis de Argentina, que tiene repercusiones directas sobre la economía chilena, y en Brasil, afectado por la anterior y por sus propios problemas económicos y políticos.

Dicho de otra manera, lo que queda del año parece estar sesgado por eventos negativos en Chile y el exterior, que hacen difícil alcanzar un crecimiento de 4,25% (punto medio del rango proyectado) o superior y que podrían llevarlo por debajo del piso estimado de 4%.

Además, no es difícil imaginar un escenario en que la normalización de la TPM deba posponerse por tiempo indefinido o, incluso, revertirse, aun en un escenario en que la inflación llega a la meta este año, ya que esto sería causado exclusivamente por la devaluación del peso o el precio de los combustibles, algo que nunca ha preocupado mayormente al Banco Central.

¿Qué explicación alternativa podría haber para estas proyecciones del instituto emisor? Simplemente, un intento subliminal de influir sobre el tipo de cambio para que frene su tendencia alcista. Si esta fuera la razón, la piscina, efectivamente, estaría sin agua.

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