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Izquierda individualista

Pablo Valderrama Director Ejecutivo IdeaPaís

Por: Pablo Valderrama | Publicado: Jueves 4 de julio de 2019 a las 04:00 hrs.
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Pablo Valderrama

Casi sin darnos cuenta, la idea de autonomía individual reemplazó a la de libertad. Ya no se buscan personas libres, sino personas autónomas. Ya no se trata de fomentar ciudadanos autogobernados y responsables, sino ciudadanos autómatas. Seres aparentemente preocupados por los demás, pero en el fondo, totalmente ajenos a su contexto e incluso a su propia naturaleza.

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Lo interesante de este reemplazo de la libertad por el individualismo autonomista es que ha permeado fuertemente en la política. Especialmente en gran parte de la izquierda Frente Amplio y de la extinta Nueva Mayoría, quienes se encumbran políticamente como los promotores de la expansión de la autonomía. Así, solamente en recuerdos queda esa izquierda centrada en los más vulnerables, en la lucha de clases sociales y en la preocupación por el mundo popular. Con más entusiasmo se suele encontrar hoy en día a sus principales dirigentes flameando banderas de la autonomía en las marchas sobre aborto libre, identidad de género o matrimonio homosexual, y con bastante menos exaltación en la discusión sobre viviendas dignas o las altas tasas de suicidio de nuestros adultos mayores. Se trata, en consecuencia, de una izquierda que abandonó la vulnerabilidad y que abrazó el ideal individualista.

Se trata de un liberalismo cultural que busca eliminar todo límite al despliegue de la autonomía individual. Consiste, por ejemplo, en eliminar todas las barreras económicas y sociales que impiden a las mujeres decidir, autónomamente, si abortar o no. Consiste en eliminar de la ecuación toda consideración de la naturaleza a la hora de decidir la identidad sexual, a propósito de la discusión de la ley de identidad de género.

Con todo, esta manera en que se desenvuelve la política actualmente obliga a comprenderla con mayor profundidad aún. Se hace necesario encontrar nuevas categorías con las cuales observarla. Las lógicas de la Guerra Fría –la separación entre capitalistas y socialistas, derechas e izquierdas, entre buenos y malos— quedaron obsoletas. Obviamente ya no se trata de elegir entre los modelos de Estados Unidos y la Unión Soviética, sino de comprender con mayor precisión qué fenómenos están prevaleciendo en nuestra sociedad, cuáles son sus causas y los posibles caminos de salida. Más acuciante se torna esta tarea si, cada vez con más fuerza, surgen en el mundo alternativas políticas que tensionan las bases de la democracia liberal.

Así las cosas, la búsqueda de estas nuevas categorías abre una oportunidad gigantesca para todos aquellos que crean que la política no se juega tanto en la promesa de la autonomía individual, sino en la de robustecer los vínculos sociales que permiten un desarrollo sostenible. El mundo liberal de izquierda terminó por desechar la importancia de esos vínculos y abrió el espacio para que otros puedan ocuparlo. La oportunidad está ahí.

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