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Jaime Lindh

Intendente invisible

Jaime Lindh Coordinador de Opinión Pública Fundación P!ensa

Por: Jaime Lindh | Publicado: Viernes 16 de febrero de 2018 a las 04:00 hrs.
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El proceso para asignar a subsecretarios e intendentes ha sido, al parecer, algo más complejo de lo habitual. La búsqueda de equilibrios políticos y la necesidad aparente de tener intendentes que sean “candidatos” para la elección del año 2020 ha generado más de alguna tensión al interior de Chile Vamos. No obstante, tras esta etapa –cuyo desenlace lo conoceremos durante los próximos días– se desencadenará un proceso aún más engorroso: la asignación de seremis y de directores regionales de los servicios públicos. Pese a lo críptico que son los criterios usados en dichas asignaciones, hay un hecho claro: en la decisión final –por ejemplo, en torno a quién será el director regional del Serviu– la influencia del intendente es significativamente menor en relación al subsecretario de la cartera o inclusive, a los parlamentarios de la zona.

A primera vista este escenario podría tener alguna justificación razonable. Se podría sostener que el mayor peso del subsecretario es condición necesaria para que las políticas nacionales sean consistentes y coherentes en los territorios. O bien que la ascendencia del senador es algo propio de la realpolitik. Sin embargo, esta realidad revela un asunto que ha permanecido en un estado de latencia en la discusión pública: el rol secundario que cumple el intendente en su región.

En el papel, el intendente posee funciones de extrema importancia, como la formulación de políticas de desarrollo regional. En la práctica, sin embargo, financian proyectos de menor envergadura y de impacto más bien local que regional. Son, en la práctica, financistas de municipios. En contraste, las iniciativas de gran escala e impacto regional están asociadas generalmente al Serviu, a la Dirección de Vialidad del MOP o a los Servicios de Salud. Ahora bien, el intendente tiene un espacio de influencia en los fondos sectoriales al ser responsable de coordinar el gasto público regional todos los años, a través de la formulación del Anteproyecto Regional de Inversión y el Programa Público de Inversiones Regionales. En la práctica, no obstante, más allá de estos instrumentos generados, la coordinación se empieza a enredar cuando los seremis y directores regionales no tienen incentivos a responder al intendente, sino que a sus jefaturas ministeriales.

Frente a la invisibilidad del rol del intendente, actualmente la administración del Estado de Chile está desaprovechando la capacidad de gestión de los gobiernos regionales en vista de una administración del Estado más moderna, adaptable y capaz de responder de manera oportuna y precisa a las prioridades económicas y sociales de los distintos territorios.

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