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Javier Zabala

Automatización: retos nuevos para las mujeres

Javier Zabala Luminis Consejeros

Por: Javier Zabala | Publicado: Martes 30 de julio de 2019 a las 04:00 hrs.
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Las recientes huelgas de Chuquicamata, Walmart y de los profesores nos recuerdan al extremo que puede llegar la preocupación de los empleados por el cambio que se está produciendo en el mundo del trabajo. Ellos intuyen lo que estudios de Clapes UC o Fundación Chile refuerzan con números: que de los nueve millones de trabajadores en Chile, entre 1.1 y 1.9 millones podrían verse forzados por la revolución 4.0 a ser más competentes, más móviles y más hábiles usuarios de la tecnología. Y les exigen a sus empleadores y al gobierno hacerse cargo de esto, por la buenas o por las malas.

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En el caso de las mujeres, desde la Comisión Nacional de Productividad (CNP) de Chile o el McKinsey Global Institute (MGI) se indica que la era de la automatización suma nuevos desafíos a los que ellas ya enfrentan desde hace un largo tiempo. Si se proyectan acá datos de MGI, es posible que en Chile entre 250 mil y 900 mil mujeres tengan que hacer una transición entre ocupaciones para 2030. Como a nivel mundial estas transiciones exigen moverse a puestos de mayor calificación, si ellas lo logran podrían encontrar un trabajo más productivo y mejor pagado. Pero si no es así, podrían enfrentar una brecha salarial cada vez mayor o terminar dejando el mercado laboral. Por tanto, concluyen estos informes, se necesitan nuevas soluciones coordinadas y creativas para que las mujeres puedan mantener o aumentar su participación laboral.

Está claro que la nueva realidad laboral exigirá mayores habilidades que tradicionalmente se asocian a mayor educación, pero las barreras sociales, prácticas y machistas que ya hoy enfrentan las mujeres les dificultarán aún más esta transición. Por un lado, las mujeres cuentan con menos tiempo para entrenarse, volver a trabajar o buscar empleo, porque dedican casi tres veces más horas que los hombres a hacer trabajos no remunerados, como el cuidado de la familia. Además, su movilidad se ve afectada por la inseguridad de trasladarse físicamente, el mal transporte público, y la mala regulación laboral. Y también culturalmente muchas veces son desincentivadas, en comparación a los hombres, a acceder a la tecnología digital o a participar en los campos de la ciencia, tecnología, ingeniería o matemática (STEM, en inglés), todas áreas que preparan para actualizar las competencias requeridas.

Los empresarios más proactivos saben que no necesitan llegar al extremo de una huelga para aumentar la inversión en capacitación y apoyo de transición, o para crear facilidades para el cuidado de los niños, o facilitar el acceso a un transporte seguro. Y, culturalmente, saben que deben abordar los estereotipos sobre las ocupaciones de las mujeres, e impulsar su acceso a la internet móvil, las habilidades digitales y las profesiones STEM. Como recompensa, además de la satisfacción de ayudar a la equidad y paz social, los estudios de la CNP indican que una mayor participación femenina podría sumar entre 4.5 y 6% al PIB.

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