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Javier Zabala

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Javier Zabala Director Luminis Consejeros

Por: Javier Zabala | Publicado: Martes 24 de abril de 2018 a las 04:00 hrs.
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El reciente gaffe del ministro de educación pone de relieve lo delicado que resulta el humor como una herramienta de gestión, y tal vez resulta provechoso para preguntarse por qué tratamos de usarlo, cuándo no y cuándo sí es efectivo o apropiado recurrir a él, e incluso si es importante dominarlo para la propia progresión profesional o de carrera.

Comenzando por este último punto, estudios demuestran que utilizar adecuadamente el humor como una herramienta directiva es una competencia que no es particularmente escasa en la población ejecutiva, que no es tan difícil de desarrollar, y que no es tan importante ni para llegar ni para mantenerse en los puestos altos de una organización. En esas tres dimensiones, contrasta mucho, por ejemplo, con la competencia de saber gestionar la innovación. Por tanto, si usted quiere desarrollar una habilidad gerencial que le haga bien a su carrera, empiece por alguna otra más importante.

Pero tampoco se tropiece con el humor, especialmente usándolo en situaciones donde no es aconsejable, aunque recurrir a él resulte un reflejo. No trate de usarlo para ganar rating con la mayoría o cercanía con la autoridad, al reírse de una minoría para hacerlos sentir mal, disminuirlos, o aprovecharse de ellos. Hoy es mejor vista la empatía. No trate de usarlo para esconder insinceramente lo que quiere criticar, pues hoy el sarcasmo es visto como cobarde, no como ingenioso. Le generará más respeto ser asertivo. Finalmente, no lo use como escudo frente a un feedback negativo. Ganará más adeptos si muestra capacidad de recibir y manejar las críticas. Por tanto comience por auto observar cómo utiliza el humor, y si hay riesgo que le bloquee la carrera.

Si quiere recurrir al humor constructivamente, úselo para unir en vez de dividir, para mostrarse abierto y receptivo, para aliviar tensiones, o para ganar respeto al reconocer que se es falible. Siempre en una justa medida, ríase de sí mismo, y si es a expensas de asuntos externos, que sean ciertas universalidades como el clima, los impuestos o en general las pequeñas indignidades e ironías de la vida, sin amargor o resentimiento. Pero igual tenga en cuenta que es necesario calibrarlo a cada grupo humano -especialmente si uno es “el nuevo”- y por tanto empiece por observar el humor del grupo y de la compañía en general, y por probarlo y desarrollarlo en círculos más cercanos.

Bien usado, el humor es capaz de conectarnos con otros a niveles muy humanos, y con eso nivelar, facilitar y amenizar una conversación y una relación. Mal usado, puede incluso terminar en una categoría del tipo “apellido_cosas” a su nombre.

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