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Jorge Selaive

“No me ayudes tanto”

Jorge Selaive Economista Jefe Scotiabank y Académico FEN U. de Chile

Por: Jorge Selaive | Publicado: Jueves 31 de diciembre de 2020 a las 04:00 hrs.
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A nivel internacional, Chile se ubica sobre la media en términos del apoyo económico que ha entregado a las familias y empresas locales a través de múltiples mecanismos, como exenciones tributarias, garantías estatales y transferencias directas.

A la par con países como Australia y Polonia, sobre la línea, los múltiples paquetes fiscales representan cerca de un 8% del PIB. A ello hay que sumarle el retiro de fondos previsionales que, a la fecha, representan cerca de un 11% del PIB. Lo anterior nos deja con casi un quinto del PIB destinado a provisión de liquidez, protección del empleo, reforzamiento del sistema de salud, garantías estatales, entre varios otros.

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Existe poca conciencia de la magnitud de los recursos entregados, pues el Gobierno ha carecido de una estrategia comunicacional efectiva. Debilidad política, excesiva condicionalidad para la entrega del apoyo financiero, entre otros, dejaron en manos populistas medidas de apoyo regresivas que generan costos en el comportamiento de las personas, así como impactos tributarios.

Lo cierto es que, en promedio, los hogares chilenos disponen hoy de excesiva liquidez proveniente tanto del Fisco como de los ahorros previsionales, a propósito de lo cual cabe cuestionarse, ¿qué pasará cuando venga una próxima pandemia? O más factible aún, ¿qué pasará cuando venga la próxima recesión económica? ¿El solo hecho de tener tasas de desempleo de dos dígitos abre la puerta a políticas super expansivas de gasto público, que comprometan la capacidad fiscal futura?

Entendiendo el dolor que las crisis conllevan, no podemos acostumbrarnos a que las épocas de flaqueza -cualquiera sea su razón- impliquen la adopción de medidas de contención financiera y apoyo fiscal que superen la pérdida de ingresos de las familias. En la medida que se impide el ajuste automático de la economía, que pasa también por disminuciones en las entradas efectivas, se genera un comportamiento de gasto estructuralmente menos precautorio (aumenta la propensión a consumir). Las tasas de ahorro se modifican y el llamado a un Estado más grande se acentúa. Esto no tiene nada de malo, si se entiende cabalmente lo que implica.

El retiro de fondos previsionales, la aún ausente reforma de pensiones y el déficit fiscal cuyo cierre no tiene credibilidad, hacen evidente que el próximo paso sea otro aumento de la carga tributaria. Algunos plantean que se suban los impuestos a los más ricos, o nuevamente a las empresas. Sin embargo, esto no implicará recaudaciones adicionales relevantes, es más, podrían incluso disminuir la base impositiva.

Hay varias medidas que mitigarían la debilidad de la recaudación tributaria, tales como impuesto a las ganancias de capital, eliminar ciertas exenciones o aplicar algunos tributos específicos. Sin embargo, para generar ingreso tributario permanente, nuestro sistema requiere ajustes en la dirección de que personas en la mediana de ingresos reportados tengan que aumentar su contribución a las arcas fiscales. Nuestro sistema impositivo destaca por la baja carga a personas de clase media, que son justamente quienes hoy demandan y exigen mayor y mejor calidad de los beneficios sociales.

Dada la enorme resistencia política para ajustar el tramo exento de impuestos (resistencia análoga a subir la edad de jubilación para las pensiones), y donde una mayor proporción del ingreso de los hogares será probablemente destinada a consumo, subir el IVA un par de puntos porcentuales para dar sostenibilidad a los ingresos tributarios parece de toda lógica y equidad tributaria.

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