Jorge Selaive

Política monetaria: Mejor lento, pero con convicción

Por: Jorge Selaive | Publicado: Lunes 24 de septiembre de 2018 a las 04:00 hrs.
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Subamos apurados la tasa de política, porque de lo contrario la inflación se escapará.

Una afirmación cuestionable, a la luz de los antecedentes locales y externos. La inflación subyacente está en 2%, en tanto la economía se recupera, aunque no sin nubes en el horizonte.

La reactivación no se siente de manera incuestionable en empleo, salarios o inversión, y el buen tranco del consumo ha comenzado a moderarse y lo podría hacer con mayor intensidad de la anticipada. Las expectativas en todas sus dimensiones muestran un escenario favorable, pero en retracción, y eso hace sentido luego del fuerte vuelco al optimismo experimentado tras la elección presidencial.

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La tasa se ubica en niveles relativamente cercanos a su nivel neutral, gracias a un estímulo monetario demasiado tímido en el pasado. Refrendado incluso por un consejero (el error), y ratificado en sus mismos análisis posteriores, donde estima una brecha de capacidad particularmente más grande entre 2014 y 2016. Esta vez se sobrestima la perdurabilidad del primer semestre y se deja el ámbito externo casi como una descripción de riesgos. Pero aún sin cuantificar a través de modelos, el necesario juicio autorizado es el mejor compañero del hacedor experto de política monetaria.

Se supone que lo observado el primer semestre de este año permanecerá casi incólume entre otros supuestos del todo cuestionables, pero cuya validez puede verificarse, dando algo más de tiempo a este aparente nuevo ciclo, y no colocando lomos de toro innecesarios. Introducir 25 puntos base antes de tiempo sólo podría confundir, más que evitar un brote inflacionario en esta coyuntura, si son seguidos de pausas prolongadas gatilladas por acontecimientos deficientemente evaluados en el presente.

Ciertamente ha llegado el momento de subir la TPM, pero el haberla dejado en un nivel tan alto en el pasado entrega tiempo para comenzar el proceso de manera cautelosa, sin necesidad de anticiparse a los desenlaces externos y las preguntas con pocas respuestas del escenario local. Esperar el momento en que efectivamente los síntomas inflacionarios se consoliden (si es que finalmente ocurre), en que la incertidumbre sobre la brecha de capacidad aplaque algo más y el escenario externo migre hacia algún lado que permita tabular adecuadamente el retiro del estímulo, será agradecido por los agentes de mercado y entregará más claridad sobre el nivel terminal de la TPM y velocidad de reducción del estímulo monetario. Con todo, contribuirá a objetivos que el mismo Banco Central ha insistido en enfatizar: claridad, transparencia y predictibilidad a su quehacer. Anecdóticamente, el termómetro que utilizamos para medir la inflación tendrá un ajuste en enero 2019 con un nueva canasta de precios que incorporá productos y eliminará otros, con nuevas ponderaciones y, consecuentemente, una muy probable distinta persistencia y volatilidad inflacionaria. La adecuada independencia entre el INE y el BC hace sólo esperar que la nueva canasta sea otro factor de incertidumbre para el instituto emisor que no desaparecerá del todo luego del IPC de enero, pero reducirá el riesgo de sorpresas indeseadas que resten convicción al proceso que se inicie.

Por el momento, lo más adecuado —en virtud de la prudencia que aconsejan los datos— es entregar un mensaje de retiro del estímulo monetario como el BC lo está realizando, pero concretarlo sin apuro, de manera de disponer de más de tiempo para disipar dudas, manejar adecuadamente las expectativas y comunicar con convicción y claridad, maximizando la transmisión misma de la política monetaria cuando llegue el momento de iniciar el ciclo de normalización.

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