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José Antonio Viera-Gallo

Mantener firme el timón

José Antonio Viera-Gallo Ex ministro y ex embajador

Por: José Antonio Viera-Gallo | Publicado: Viernes 19 de octubre de 2018 a las 04:00 hrs.
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José Antonio Viera-Gallo

Hasta algunos días atrás pensaba que existía un amplio consenso sobre las bases de nuestra inserción internacional. Con cierto orgullo, siendo embajador afirmaba que Chile tenía tratados de libre comercio con las principales economías del mundo, para luego argumentar en favor de una política que establecía reglas seguras —incluso en caso de controversias— para el intercambio de mercancías y servicios, alejando la amenaza de la arbitrariedad del país más fuerte. Sin herir la susceptibilidad de nadie, me esforzaba por demostrar que en una etapa de globalización, un comercio libre según normas mutuamente consentidas en el marco de la OMC es la opción más conveniente, y que el proteccionismo lleva a un callejón sin salida.

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Con ese espíritu, durante el gobierno de Michelle Bachelet negociamos un nuevo acuerdo comercial y de complementación económica con la Argentina, que puso al día el que tenemos con el Mercosur (ACE 35), tal como ya habíamos hecho con Uruguay. En un tiempo record se alcanzó un acuerdo que incluye materias nuevas como el comercio electrónico, la propiedad intelectual, los servicios, el roaming, y estándares medio ambientales, laborales y sanitarios, entre otros puntos. El tratado fue suscrito a fines del año pasado.

Han transcurrido 10 meses y los Congresos de ambos países todavía no le dan su aprobación. Para mi sorpresa, han surgido voces cuestionando la iniciativa, sin conocerla a fondo. Pero lo alarmante es que la idea misma del comercio libre bien regulado ha ido perdiendo respaldo político, en especial en sectores del Frente Amplio y de lo que fue la Nueva Mayoría. Esas voces críticas se hicieron sentir durante la discusión del tratado con Uruguay, que felizmente fue aprobado. El escenario de nuestra política exterior estuvo ocupado principalmente por el juicio en La Haya.

Me resulta incomprensible que un país que se ha beneficiado de su inserción internacional, vea cómo se desgrana el sustento de una política exitosa. ¿Será que los vientos proteccionistas de Trump o del Brexit han encontrado oídos atentos en sectores de la izquierda? Más comprensibles son las dificultades que el gobierno de Macri pueda encontrar en el Parlamento argentino, donde el peronismo, por sobre sus divisiones actuales, mantiene en general sus dudas sobre el libre comercio, con excepción de las provincias limítrofes con Chile.

La inversión chilena en América Latina es muy significativa, sobre todo en Brasil, Perú, Colombia y Argentina, donde alcanza a 18.000 millones de dólares en muy diversos sectores. Además de los mayores grupos económicos, están presentes en el país vecino cerca de 400 empresas medianas. La idea de futuro es que ellas puedan servir para ir formando cadenas internacionales de valor con empresas argentinas, para exportar por puertos chilenos hacia los grandes mercados con los cuales tenemos acuerdos comerciales. A eso apunta el nuevo tratado comercial entre Argentina y Chile.

Cabe también una responsabilidad al gobierno actual por no impulsar con decisión la aprobación de ese tratado, pieza clave para proyectar hacia adelante la alianza estratégica con la Argentina. Cuando se comienza a erosionar un consenso tan importante para el país, es responsabilidad primera del gobierno jugar su peso político por mantener firme el timón. Resulta inconsistente hablar de las negociaciones de un acuerdo comercial con Brasil si se deja que el suscrito con Argentina vegete en el Congreso. Estoy cierto de que si las autoridades se jugaran realmente por esta iniciativa, encontrarían el respaldo suficiente entre parlamentarios de la oposición.

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