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José Manuel Silva

¿Orden y Progreso?

Por: José Manuel Silva | Publicado: Miércoles 18 de marzo de 2015 a las 04:00 hrs.
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Hace menos de un lustro, la prestigiosa revista The Economist reflejó lo que hasta entonces era el consenso global sobre la economía brasileña, ilustrando en su portada un Cristo del corcovado que despegaba como cohete. Hace poco, la portada mostraba al cohete cayéndose. Hace tres semanas, la portada reflejaba una bailarina de samba hundiéndose en un fango verdoso bajo el título, "el pantano brasilero".
Esto gráfica el ocaso del modelo brasilero encabezado por los presidentes Lula y Rousseff y que para muchos fue, en los años dorados, el otro modelo a seguir en la región. En su editorial, The Economist señala, "la economía brasileña está en un desorden, con problemas muy superiores de lo que quiere reconocer el gobierno y considerar los inversionistas".


La moneda se ha devaluado en más de 40% en pocos meses, a pesar de que el banco central ha tratado de contener la devaluación vendiendo más de cien mil millones de dólares en contratos swap. La economía parece adentrarse en su segundo año de estancamiento, con una caída esperada de 1 % este año. En paralelo, la inflación se empina por sobre el 8 % anual, obligando al banco central a subir las tasas de interés a niveles superiores a 12%, uno de los más altos del mundo, justo cuando la economía necesita lo contrario.


Este fin de semana, casi 2 millones de brasileros salieron a las calles a protestar contra el gobierno de Dilma Rousseff, hartos con la creciente crisis; la corrupción institucional reflejada en el escándalo que hunde a Petrobras, el gigante estatal petrolero, en su propio pantano y contra la propia Rousseff, que prometió una cosa para ser reelecta, y a los pocos días de asumir su segundo mandato, inició políticas de austeridad fiscal totalmente opuestas a sus promesas.


Para reelegirse duplicó el déficit fiscal, alcanzando éste el 6,75% del PGB. El gasto fiscal ha sido el motor de la estrategia del PT, partido de Rousseff, para encadenarse al poder. El estado brasilero ha aumentado los salarios públicos en 50% real en 10 años. El estado, recauda un 37% del PGB en impuestos, todo un récord para un país emergente. A su vez, a través de un enjambre de instituciones de crédito estatales, el gobierno ha distribuido créditos subsidiados a sus empresarios amigos (Eike Batista) o a las industrias "elegidas". Todo ello ha sido una fuente de ineficiencia y corrupción.


La implosión de Petrobras, quien lleva 3 meses de atraso en la publicación de sus estados financieros, es un buen ejemplo de esto último. Icono de las iluminadas políticas de desarrollo industrial brasileras, su deuda se ha multiplicado 6,5 veces en 5 años, hasta alcanzar la impresionante suma de 130 mil millones de dólares. Virtualmente impagables a los actuales precio del petróleo. Su gigantesco plan de inversiones llegó a representar el 10 % de la inversión total del país. Por lo tanto, el anuncio de que cortará este plan en un 30 % le agrega lastre a la ya alicaída tasa de inversión. Esta no supera el 17 % del PGB, la mitad de Asia, y se convierte así en el verdadero talón de Aquiles de Brasil. Sin inversión no hay crecimiento sustentable, ni verdadera creación de empleo, ni aumento de la productividad. En definitiva no hay bienestar. Es muy difícil lograr tasas de inversión asiáticas con cargas tributarias europeas y corrupción latinoamericana.


El ajuste de Petrobras no sólo se debe a su abultada deuda. Sino también al llamado "lava jato", el escándalo que tiene presos a decenas de gerentes de empresas contratistas de la estatal, quienes para capturar parte de los jugosos contratos que ésta esparcía obligatoriamente entre proveedores locales (viva la política industrial), sobornaban a decenas de políticos y les financiaban sus campañas. Hasta los presidentes del senado y de la cámara de diputados están bajo investigación. Un ex gerente de segunda línea de la petrolera acaba de ser arrestado al encontrársele una cuenta en Mónaco por más de US$ 20 millones. Se estima en más de US$ 4 mil millones los sobornos. Toda la vasta red de proveedores y contratistas de Petrobras está congelada por las investigaciones judiciales, contribuyendo así al congelamiento de expectativas e inversiones, dado que ellas representan la flor y nata de la industria y constructoras locales.


La esperanza de Brasil reside hoy en su ministro de Hacienda, Joaquin Levy, ex gerente de Bradesco Asset Management, más conocido como Joaquin manos de tijeras. Este ha prometido volver a tener un superávit primario y ha presentado un fuerte plan de ajuste fiscal. Las pensiones representan un gasto de 9 % del PGB y son un candidato ideal para recortes. Lamentablemente una Constitución que garantiza derechos sociales hace difícil recortarlas. El único beneficio de esta gran crisis, que solo comienza, es mostrar a sus países vecinos todas aquellas políticas de Brasil que no deben ser copiadas. Para los inversionistas queda un gusto amargo en la boca. La gran promesa brasilera vuelve a desvanecerse. Los fundamentos económicos nunca perdonan.

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