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José Manuel Silva

Una golondrina no hace primavera

Durante de agosto la bolsa norteamericana tuvo un mínimo, según el índice S&P 500 de 1.119 puntos. El mínimo...

Por: José Manuel Silva | Publicado: Miércoles 31 de agosto de 2011 a las 05:00 hrs.
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Durante de agosto la bolsa norteamericana tuvo un mínimo, según el índice S&P 500 de 1.119 puntos. El mínimo dentro de un mismo día (8 de agosto) fue de 1.100, aunque ese día el mercado cerró algo más arriba de 1.119. Hoy, el mismo índice está sobre los 1.200 puntos, un alza de más de 7% desde los mínimos. Cabe entonces preguntarse si ya vimos los mínimos de esta caída bursátil o el mercado volverá a rozarlos en el futuro. Hasta hace algunos meses la mayoría de los estrategas de Wall Street apuntaba a un índice S&P para fines de año superior a 1.350 puntos, ello unido a un crecimiento esperado de la economía norteamericana de entre 3% y 3,5% anual para 2011.



¿Qué ocurrió entre medio? A contar de fines de abril comenzaron a publicarse cifras cada vez más negativas de la economía norteamericana, lo que tuvo como peak las cifras de PGB informadas el 29 de julio, las que mostraban una economía en franca desaceleración en el segundo trimestre de este año. Paralelamente, fueron revisadas cifras anteriores que mostraron que la caída del PGB de 2008 fue más aguda y que aún no se supera el punto máximo pre crisis, ello luego de dos años de “reactivación” y probablemente con el cóctel de políticas de estímulo a la demanda más agresivo en décadas. En definitiva, la economía norteamericana creció a una tasa menor al 1,4% durante el primer semestre y como ha señalado Rich Yamarone, el economista jefe de Bloomberg, cada vez que la economía norteamericana ha caído en dos puntos porcentuales año con año se ha producido una recesión. Según la última revisión, el crecimiento del segundo trimestre fue de sólo 0,99%. Esto equivale a una caída de 1,5 puntos año con año, demasiado cerca del punto de no retorno. Otra versión de este mismo análisis señala que la mayoría de las veces que el crecimiento de EEEUU ha caído bajo 1,6%, ello se ha traducido en recesión.

A su vez, sólo en tres oportunidades el S&P 500 ha caído en más de 20% desde su máximo sin que ello anticipe una recesión: 1966 (por la escalada de Vietnam), 1987 (por el alza de tasas del Fed y con la economía creciendo 5%), 1998 (default ruso y caída del fondo LTCM). Entonces, si EEUU está cayendo en recesión, como parece altamente probable, cabe preguntarse qué tan larga será la fase de caída del mercado. El promedio de los últimos 10 ciclos de los últimos 60 años es de 16 meses (con una mediana de 15 meses y una moda de 17). Las caídas típicas son de 20%, pero ha habido algunas más intensas (57% en 2008-2009; 49% en 2001-2002; 48% en 1973-74). El problema es entonces saber si aún nos quedan 15 meses de mercado bajista (altamente probable si la economía entra en recesión en los próximos trimestres). En general, sólo cuando ya ha transcurrido un 70% de la recesión, es que el mercado comienza a descontar la recuperación futura.

El gran problema de la economía norteamericana (y de la europea) es la enorme mochila de deuda que ha ido acumulando década tras década de aumento en el gasto fiscal, ello unido al sobreendeudamiento de los hogares en el caso norteamericano. La recesión no alivianó radicalmente esta mochila y lamentablemente EEUU está entrando en una fase demográficamente complicada en donde se espera un alza brutal en los gastos de pensiones y de salud para las próximas décadas. La deuda fiscal total de EEUU (que incluye gobiernos regionales y distritales) se acerca peligrosamente al 100% del PGB. Según varios estudios (Reinhart/Rogoff; Cecchetti), cuando los países se acercan a este nivel ello afecta su tasa de crecimiento. En Europa, es lo que ha ocurrido con Italia o Portugal.

Las consideraciones anteriores hacen que la economía norteamericana esté en un pie débil, con poca capacidad de resistir shocks externos, como el que podría venir de Europa si ésta no logra estabilizar su crisis soberana/bancaria. Por lo tanto, las carteras de inversión deben mantenerse defensivas, sin caer en la tentación de las alzas momentáneas. La prioridad debe ser la conservación del capital y la renta, más que la ganancia de capital. La prioridad también debe ser la diversificación. La inestabilidad de la economía mundial no ha terminado y puede aún incrementarse antes de ver luz al final del túnel.

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