Juan ignacio Brito

Capitalismo woke

JUAN IGNACIO BRITO Profesor Facultad de Comunicación e investigador del Centro Signos de la U. de los Andes

Por: Juan ignacio Brito | Publicado: Miércoles 7 de julio de 2021 a las 04:00 hrs.
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El movimiento woke nació en Estados Unidos entre grupos afroamericanos que llamaban a permanecer alerta o despierto (“stay woke”) contra el racismo. Hoy la idea se ha extendido y abarca prácticamente toda causa que promueva el ideario liberal-progresista, desde la prevención de “microagresiones” en campus universitarios hasta el revisionismo histórico de iniciativas como el “Proyecto 1619”, que sostiene que el arribo a Norteamérica de los primeros esclavos negros es el verdadero acto fundacional de ese país.

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La tendencia también ha llegado a las empresas. Según Vivek Ramaswamy, autor de Woke Inc., un libro que circulará en agosto, el “capitalismo woke” cobró fuerza después de la crisis de 2008, cuando surgió un fuerte sentimiento antiempresarial debido al comportamiento de la industria financiera y los elevados bonos a todo evento que recibían los altos ejecutivos de las mayores corporaciones. Fue entonces cuando las grandes empresas decidieron lanzar lo que Ramaswamy califica como una “cortina de humo”: para recuperar el prestigio perdido que amenazaba con generar costosas regulaciones promovidas por la izquierda, muchas de las grandes compañías abrazaron la causa woke y establecieron estándares y políticas en conformidad con ella. Palabras como “inclusión”, “diversidad”, “sostenibilidad” e “igualdad” aparecieron súbitamente en el léxico de los altos ejecutivos y sus empresas.

Ramaswamy no les cree. Considera que se trata de una táctica para “aparentar que te importa algo distinto a las ganancias y el poder, precisamente para obtener más de ambos”. Indignado por lo que considera un engaño, escribió el libro para denunciar el capitalismo woke de las grandes compañías norteamericanas. Apunta a los CEO de BlackRock, Coca-Cola, Nike, Unilever, Delta, Goldman Sachs y Salesforce, entre otros.

Estos ejecutivos, que poseen enorme influencia, fijan estándares inspirados en la doctrina woke, forzando a clientes, usuarios, proveedores e inversionistas a cumplir con normas que nada tienen que ver con su negocio. Lo hacen, según Ramaswamy, para “sacarles los colmillos” a sus fiscalizadores progresistas, que celebran estas políticas, pero pasan alegremente por alto otras transgresiones. En una entrevista con The Wall Street Journal, el autor puso el ejemplo de Coca-Cola: “Es más fácil para ellos emitir comunicados contra las leyes de votación en Georgia o entrenar a sus empleados en cómo ser ‘menos blancos’, que hacerse cargo de su responsabilidad en la epidemia nacional de diabetes y obesidad, incluso en la comunidad de raza negra de la cual ellos declaran sentirse tan preocupados”.

Más allá de la hipocresía que denuncia, Ramaswamy subraya el peligro más sustantivo del capitalismo woke: constituye una transgresión del espíritu democrático que un grupo selecto de empresarios en busca de lucro, por el solo hecho de ser poderosos, tome decisiones que definen la conducta de comunidades enteras. En una democracia sana, la mayoría de las medidas woke que adoptan las grandes empresas, y que obligan a mucha gente en diversos países, serían discutidas en el foro público por la ciudadanía y sus representantes electos.

No corresponde que sea el poder multinacional del dinero en búsqueda de ganancias el que fije de facto estándares de convivencia planetarios que amenazan con la cancelación a quienes disienten. Las normas de convivencia deben ser establecidas a través de la deliberación política de las comunidades nacionales y no tendrían que ser impuestas por cúpulas empresariales globalizadas que se disponen a ganar plata con falso buenismo.

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