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La Franja y la Ruta: mucho hype

JUAN ENRIQUE SERRANO MORENO, Doctor en ciencia política, académico de la U. de La Frontera

Por: Juan Enrique Serrano Moreno | Publicado: Martes 11 de enero de 2022 a las 04:00 hrs.
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Juan Enrique Serrano Moreno

El gobierno argentino ha anunciado su intención de adherir a la iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initiative, BRI) lanzada por China en 2013 y en la que ya participan de un modo u otro todos los países de nuestra región, con la notable excepción de México.

Tal y como viene sucediendo desde que los primeros países latinoamericanos se sumaron en 2018, la iniciativa ha sido presentada de nuevo a la opinión pública como una oportunidad histórica para paliar el déficit crónico de infraestructuras que afecta a nuestra región. Sin embargo, estas promesas realizadas en nombre de la “conectividad” pueden terminar siendo contraproducentes, pues contribuyen a generar unas expectativas de progreso sin base real.

Estudios recientes apuntan a que la participación de los países latinoamericanos en el BRI no ha alterado las relaciones económicas con China ni ha traído consigo el desarrollo de proyectos comparables al Puente Terrestre Euroasiático, que une China con Europa Central, o el Corredor China-Rusia-Mongolia. Se ha criticado igualmente la inconcreción jurídica e institucional del BRI, que sus promotores justifican en nombre del “pragmatismo” y “flexibilidad” de la política exterior china en contraste con la visión occidental legalista de las relaciones internacionales.

Pese a lo señalado por fuentes oficiales y replicado por los medios, en realidad la participación en el BRI no tiene vocación de producir efectos medibles ni beneficios económicos inmediatos. La iniciativa debe ser aprehendida como una marca empleada exitosamente por la diplomacia china para escenificar su creciente peso entre los países en vías de desarrollo a través de foros, reuniones de alto nivel, declaraciones oficiales y memorándums de entendimiento no vinculantes.

Huelga decir que estas puestas en escena diplomáticas poco podrán contribuir por sí solas a remediar nuestros problemas, entre otros la reprimarización de nuestras exportaciones indisociable a la creciente interdependencia económica con China. Por otro lado, resulta hasta cierto punto contradictorio que, en los textos y declaraciones oficiales que rodean al BRI, se manifieste la intención de aumentar los proyectos de infraestructuras públicas construidos por empresas chinas, cuando esto depende en gran medida de procedimientos abiertos de contratación pública.

Si bien la profundización de las relaciones con China es imparable y la eficacia discursiva del BRI es la prueba de ello, traducir este proceso en oportunidades reales para el desarrollo económico y social no dependerá de declaraciones en foros internacionales, sino de una apuesta decidida por robustecer la Administración del Estado.

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